La fragilidad de Noelia provocaba un gesto instintivo de protección. Su voz era débil, pero no la voluntad que cincelaba cada una de sus palabras. Mientras la compasión arañaba el sentir general, hubo quien siguió abusando de Noelia hasta el último momento. Usándola únicamente para sus propios fines. Y no, no estoy hablando de ese padre que desatendió a su hija de diversos modos, ni de esa pandilla de carroñeros que se aprovecharon de ambos para sus sádicas cruzadas en los tribunales. Seguir leyendo....