Desde el sur de Florida están saliendo cargamentos de combustible hacia Cuba. Es una operación poco visible que en las últimas semanas ha cobrado impulso, antes de que se conociera la decisión del Gobierno de Donald Trump de autorizar el arribo de un buque petrolero ruso a la isla. Los envíos —que reportes recientes cifran en unos 30.000 barriles en lo que va de año— están lejos de satisfacer la demanda cubana, pero han sido más que suficientes para desatar duras críticas en el exilio entre quienes consideran que pueden terminar ofreciendo oxígeno de forma indirecta al régimen de La Habana.Seguir leyendo