Más allá de las emergencias: la temporada de lluvias en Colombia amenaza tres de cada 10 empleos    

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la temporada de lluvias en Colombia amenaza 3 de cada 10 empleos Foto: Cortesía Ministerio de ComercioLas lluvias intensas ya se sienten en distintas regiones de Colombia. Calles inundadas, retrasos en la movilidad y emergencias locales son la cara más visible de una temporada que cada año golpea con fuerza. Sin embargo, detrás de esos eventos hay un impacto menos evidente que empieza a preocupar a empresarios y sectores productivos: el riesgo que estas condiciones climáticas representan para el empleo y la operación de las empresas.Lea también: Advertencia por sequía en Colombia: embalses podrían caer hasta en un 30 %En lo que va de 2026, según cifras de la Ungrd, se han registrado más de 600 emergencias asociadas a las lluvias en 328 municipios de 24 departamentos, dejando 155 mil familias damnificadas.  Huila, Valle del Cauca, Antioquia, Cundinamarca, Caldas y Córdoba son los departamentos con más emergencias. Los movimientos en masa (295), las inundaciones (160), los vendavales (73) y las crecientes súbitas (65) son los eventos más recurrentes. Aunque para muchos ciudadanos la temporada de lluvias se traduce en afectaciones puntuales y las ya mencionadas emergencias, para la economía el efecto puede ser mucho más profundo. La razón está en un factor clave que no siempre se percibe: la estabilidad del sistema eléctrico. Temporada de lluvias y el riesgo silencioso para los empleos en Colombia Colombia inició el año con condiciones climáticas marcadas por el ingreso de frentes fríos, que han incrementado la intensidad de lluvias, tormentas eléctricas y variaciones bruscas de temperatura. Este escenario no solo afecta la vida cotidiana, también eleva los riesgos sobre la infraestructura energética del país. Las precipitaciones constantes, sumadas a descargas atmosféricas, aumentan la probabilidad de fallas en la red eléctrica, caídas de tensión y sobrecargas en los sistemas de distribución. advierte que estas condiciones pueden poner en riesgo la continuidad operativa de empresas y servicios esenciales. En términos prácticos, esto significa que una tormenta no solo puede generar inundaciones, sino también interrupciones de energía que paralizan actividades productivas. El efecto de estas fallas no es menor. Sectores como manufactura, minería y comercio —que en conjunto representan cerca del 24 % del PIB y generan aproximadamente el 30 % del empleo en Colombia— son especialmente vulnerables a interrupciones en el suministro eléctrico.  Cuando una planta industrial se detiene por un corte de energía, el impacto es inmediato: se frena la producción, se retrasan entregas y se afectan ingresos. En casos prolongados, incluso pueden ponerse en riesgo empleos. El costo económico también es significativo. De acuerdo con estimaciones del Banco de Bogotá, una interrupción de una hora en el suministro eléctrico podría generar pérdidas entre $175.000 millones y $204.000 millones para la economía nacional.  Estas cifras reflejan que el impacto de la temporada de lluvias va mucho más allá de los eventos visibles en las ciudades y regiones. Uno de los principales problemas es que muchas empresas no integran el factor climático dentro de su planeación operativa. La atención suele centrarse en emergencias físicas —como inundaciones o daños en infraestructura—, pero no en los efectos indirectos, como la inestabilidad energética. “Las altas humedades y las tormentas incrementan los eventos como caídas de tensión y fallas en equipos industriales. La digitalización es hoy la principal herramienta de prevención”, explica Daniel Garrido, presidente del Clúster Andino en Schneider Electric.  Según el experto, el monitoreo en tiempo real permite detectar anomalías antes de que se conviertan en interrupciones críticas que obliguen a detener operaciones. Ante este panorama, el foco ya no está solo en reaccionar, sino en anticiparse. Las empresas están comenzando a adoptar soluciones tecnológicas que permiten gestionar mejor su consumo energético y reducir riesgos. Sistemas de monitoreo, automatización y análisis de datos pueden ayudar a identificar fallas potenciales y optimizar el uso de la energía. Además, alternativas como microrredes, almacenamiento energético o sistemas de respaldo permiten mantener la operación incluso cuando la red principal falla. Este tipo de estrategias no solo mitiga riesgos, también tiene impacto financiero. El experto señala que la digitalización del consumo energético puede generar ahorros entre el 5 % y el 15 % en la factura de energía, un alivio importante en contextos de alta presión operativa. Puede interesarle leer: Importante centro comercial en Bogotá cambia de dueño: lo que hay detrás de la movida millonaria Las proyecciones climáticas indican que las condiciones de lluvias podrían mantenerse en los próximos meses, lo que prolongaría los riesgos sobre la infraestructura energética. Para las empresas, esto implica un cambio de enfoque: no se trata solo de enfrentar emergencias, sino de incorporar la variable climática dentro de su estrategia de operación y gestión de riesgos. Para los ciudadanos, el mensaje también es claro. Detrás de cada corte de energía o cada interrupción en servicios hay un impacto económico que puede terminar afectando empleo, precios y actividad productiva.