Cualquier momento es bueno para jugar al golf, pero cuando se tiene poco tiempo hay que escoger muy bien dónde hacerlo. En verano, cuando hay más días de vacaciones, se puede acudir a un destino de golf y probar varios campos; pero en periodos más cortos, como la Semana Santa, hay que ir a tiro hecho. Por eso ofrecemos cuatro opciones de calidad para disfrutar de este deporte al máximo, dos en España y otras tantas a apenas dos horas de avión. ¿Qué golfista no ha soñado con jugar en las islas británicas? Es un sentimiento común para todos ellos conocer de primera mano el lugar donde se inició este divertimento. Y, efectivamente, los campos antiguos pegados al mar, los famosos 'links' , pueblan las localidades de Escocia, Inglaterra, Irlanda del Norte y Gales. Los que no tienen tanta fama, eclipsados por los anteriores, son los recorridos tipo 'parkland' , es decir, diseñados con árboles, lagos y barrancos y con las peculiaridades orográficas del terreno. Para el resto de los países, este es el tipo de campos a los que están acostumbrados. En este concepto se encuentra una joya de los campos resorts modernos: el Celtic Manor de Newport, en Gales. Inaugurado con motivo de la Ryder Cup de 2010 se ha convertido en una de las sedes icónicas del torneo. Desde que se entra a la casa club y al vestuario, las imágenes de los héroes europeos están siempre presentes, al igual que los detalles que se descubren en cada hoyo. El mantenimiento es exquisito y de la calidad de las calles y los 'greens' pueden disfrutar tanto los más avezados como los inexpertos. Y luego, la llegada al 18 superando un lago que impone al más pitado, permite rememorar lo que sintieron los profesionales hace tres lustros. Ahora bien, si alguien quiere satisfacer su deseo de jugar en un 'links' sin salir de España tiene que ir a la Albufera valenciana. Allí dejó Javier Arana la mejor joya de su legado con un diseño mixto de bosque mediterráneo y dunas playeras, lo que unido a los vientos marinos siempre predominantes convierten el juego en un reto constante . Bien lo saben los mejores profesionales del Circuito Europeo en los distintos campeonatos que allí se celebraron. Pero además de disfrutar de un campo de primera, donde se respira naturaleza y compromiso medioambiental por doquier, no se puede dejar de saborear la extraordinaria gastronomía de la zona, donde destacan los arroces y pescados que tanta fama le ha dado. Un concepto totalmente distinto, aunque igualmente exclusivo, es el que se puede disfrutar en Rabat. Robert Trent Jones construyó un paraíso para el golf de 440 hectáreas en pleno corazón de la capital alauí bajo la tutela del rey Hassan II. Y con ese apoyo tuvo carta blanca para 45 hoyos en tres campos de distinto nivel competitivo, donde se han celebrado importantes torneos internacionales. El jugador se encontrará con bosques, lagos y un diseño totalmente asentado que les hará vivir una sensación muy especial. Sobre todo si contrata un 'caddy' a la antigua usanza, pues permite disfrutar de la jornada de una manera diferente. Ahora bien, si se quiere buscar una experiencia rompedora mucho más cerca de casa no hay más que acercarse a Isla Valdecañas. Nada más atravesar la pequeña localidad cacereña de El Gordo aparece una península sobre el embalse de Valdecañas que deja boquiabierto al más pintado. Una urbanización de lujo, un hotel de cuatro estrellas con embarcadero para deportes náuticos y un campo de golf de alto mantenimiento que no deja indiferente a nadie. Es técnico, a la vez que favorecedor para los pegadores, y hay algunos hoyos rodeados de eucaliptos con el agua al fondo que parecen sacados del mismo Pedreña. Luego, al terminar la jornada deportiva, un cuidado servicio de restauración con productos de kilómetro cero permiten degustar de auténticas exquisiteces culinarias. Y si quedan fuerzas para el turismo, Oropesa, Lagartera, Navalmoral de la Mata o Guadalupe están a un tiro de piedra y merecen sin duda una visita.