No falla. Cada vez que el PP se encuentra sin argumentos, reclama elecciones o saca a pasear a ETA. Sánchez refresca el recuerdo de Irak para asociar el presente de Feijóo con el pasado de Aznar y el líder de la oposición hace un magistral ejercicio de evocación selectiva con la banda terrorista y otro de olvido con una guerra ilegal con consecuencias devastadoras Hablemos de memoria y de olvido. De cómo en este mundo loco de odio, bombas, muerte, destrucción y crisis, hay quienes creen que el recuerdo importa para avanzar y no repetir errores y quienes prefieren la omisión o la amnesia parcial como coartada para consolidar la impunidad o convertir la infamia en hazaña. Este miércoles lo hemos visto con claridad en el Congreso de los Diputados durante la comparecencia del presidente del Gobierno para informar sobre la posición de España ante la guerra de Oriente Medio. Entre los primeros, Pedro Sánchez, que hizo un exhaustivo ejercicio de retentiva para mantener vigentes los recuerdos. Los propios y los colectivos. “Porque hay fechas que no se olvidan”. Hablaba del 15 de febrero de 2003, de un sábado en el que más de tres millones de ciudadanos salieron a manifestarse por toda España. “Con un mensaje sencillo y rotundo: No a la guerra”. “Del orgullo y el coraje de un pueblo que se negó a renunciar a sus principios solo para contentar a un presidente estadounidense. Y de quienes se negaron a secundar una mentira que solo perseguía hacer más ricos a los ricos y más miserables a los pobres” El presidente pretendía, por un lado, refrescar el recuerdo y de otro, poner al PP frente al espejo de un pasado, el de José María Aznar, que cree indiscutiblemente asociado al presente de Alberto Núñez Feijóo. El expresidente y su apoyo a la guerra de Irak no es algo que se pueda olvidar con facilidad porque, en palabras de Sánchez, “nos arrastró a esa locura para sentirse importante y porque quería que George Bush le invitara a un puro y le dejase poner los pies sobre la mesa”. Una guerra -prosiguió- “a cambio de ego y de la dignidad de todo un país, a cambio de aquella foto”. Lo que vino después, forma parte de la historia y, según sus palabras,“del mayor desastre geopolítico desde Vietnam”. Traducido en cifras: 300.000 muertos, 5 millones de desplazados y el equivalente actual a 1.900 millones de euros de gasto militar solo en España. Esto además de un país en ruina, más guerras, la quiebra del Derecho Internacional, subidas de precios en todo el mundo, una crisis migratoria sin precedentes y una ola de atentados yihadistas que se llevó por delante la vida de más de 1.000 europeos Hoy, la historia se repite y, aunque algunos de los promotores de aquella guerra ilegal, como Bush o Blair, han pedido perdón, Aznar insiste en que nunca lo hará y arrastra a Feijóo a una posición imposible ante el conflicto en Oriente Medio. Cambien Irak por Irán y el resultado es una potencia militar con un Ejército que supera a los de Alemania, Francia e Italia juntos y que está preparado para lanzar misiles balísticos a 4.000 km de distancia. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión de control al Gobierno De todo esto quería hablar el presidente del Gobierno. De las consecuencias de olvidar el pasado. Y de que el impacto económico y en vidas humanas ante la inestabilidad que vive hoy Oriente Medio puede ser infinitamente superior al que tuvo la guerra ilegal a la que Aznar arrastró a España hace 23 años. Pero la memoria, además de una herramienta fundamental para evitar el yerro, es también un recurso incómodo para quienes no desean recordar y, desde luego, para un Feijóo que prefiere espantar los demonios del pasado. El líder de la oposición calló este miércoles ante la insistencia de Sánchez en recuperar una historia no tan remota y recordar lo que es el verdadero patriotismo: “Oponerse a una guerra ilegal que en nada beneficia a los españoles”. Feijóo no solo se hizo el desmemoriado para no entrar al trapo, sino que se lanzó a una retahíla de descalificaciones personales contra el presidente, al que llamó incluso “matón” y “perdedor” con “tics dictatoriales”. Insultos, frases hechas y lugares comunes para repetir los mismos mantras que a diario se le escuchan a Ayuso. Da igual que se debata sobre la guerra, la jornada laboral, las medidas anticrisis, la inmigración o la sanidad pública, a Feijóo solo le mueve el afán por una convocatoria anticipada de elecciones que no llega y por resucitar a ETA cada vez que carece de argumentos frente al adversario. La banda terrorista, que dejó de matar hace 15 años y se disolvió hace 8, es el comodín que el PP utiliza cuando la discusión no le es favorable. ¿Irán? Elecciones. ¿Decreto anticrisis? ETA ¿Fiscalidad? Elecciones. ¿Financiación autonómica? ETA. Lo ha vuelto a hacer este miércoles cuando Sánchez le interpelaba sobre su posición sobre el conflicto de Oriente Medio y sobre el sentido de su voto para el decreto de medidas anticrisis: “Me hace menos gracia escucharle dar lecciones de humanidad. ¡Usted que pacta con los que mataban a sus compañeros! ¡Usted que ha favorecido a un etarra que acumuló 700 años de condena y lo excarcela! ¡Usted que sacó ayer a la señora Anboto, jefa militar de ETA, condenada a más de 600 años de prisión por más de una decena de crímenes¡ Para celebrar la guerra, supongo”. Se llama Estado de Derecho, tal y como le recordó el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, quien para corregir su desmemoria llevó al debate a los 300 etarras que se excarcelaron durante los gobiernos del PP porque también habían cumplido su condena. Mucho más duro fue el portavoz del PSOE, Patxi López, al acusar a Feijóo de ignorante por desconocer -o no- que los grados penitenciarios son ley y que, en última instancia, los decide no el gobierno sino un juez, que puede avalarlos o denegarlos. “¿Podrán de una puñetera vez alegrarse de que hemos acabado con ETA? ¿Podrán de una puñetera vez valorar el triunfo de los demócratas frente al terrorismo? ¿Podrán de una puñetera vez saber el significado profundo de lo que es una democracia, que no es su coto privado, sino un espacio abierto para todos aquellos que cumplen las normas. ¡Ya vale! ¡Ya vale! Esa utilización de mierda. Son ustedes los que utilizan las víctimas y el terrorismo para avalar su ignorancia”. Fue la respuesta con la que López puso el broche a una sesión en la que Feijóo volvió a jugar al equilibrismo para no incomodar a los EEUU e Israel y tampoco a Aznar. Ante el elocuente silencio del líder de su partido sobre su pasado en Irak, el expresidente emitió un comunicado desde FAES para afear a Sánchez que hiciera oposición con 23 años de retraso e insistir en que Sadam “utilizó las armas de destrucción masiva contra su propio pueblo en masacres que dejan pequeñas las mayores atrocidades que hayamos podido ver después». Una trampa más de la desmemoria de un partido cuyo líder, además de proclamarse guardianes de la ética pública y la integridad, formaba parte del Gobierno de Aznar cuando el PP acercó a decenas de presos a las cárceles del País Vasco mientras ETA aún asesinaba y extorsionaba. Es más, apenas cuatro meses después del asesinato de Miguel Ángel Blanco -cuya memoria Feijóo utiliza constantemente-, sostenían que el conflicto vasco terminaría “sin vencedores, ni vencidos” y que ellos no buscaban una “rendición total” de ETA, como declaró entonces el ya ex secretario de Estado para la Seguridad, Ricardo Martí Fluxà. Pero eso la derecha lo ha escondido deliberadamente entre los pliegues del olvido.