Cuando Blanca (84) se mudó a España hace 25 años, se quedó impactada con Carlos Sobera al verlo en televisión «por su carácter maravilloso, su inteligencia y su capacidad humana». Así pues, la empresaria jubilada colombiana llegaba a 'First Dates' proclamándole al presentador un fervoroso amor platónico y brindando con la bebida que le sirvieron para que el restaurante de citas de Mediaset mantenga sus puertas abiertas otros 150 años. «Para que el programa dure tienen que clonarte ya. Un hombre como tú vale la pena que la ciencia lo clone», le comentó, asimismo, al presentador la señora. Visitar 'First Dates' y conocer a Carlos Sobera supuso un sueño cumplido para Blanca, una mujer vitalista, adelantada a su tiempo y de mente abierta. Lamentablemente, Fernando (84), un funcionario jubilado de Madrid, no se parecía en nada al conductor del 'dating show' como ella estaba deseando. La pareja de Blanca se describió como todo un donjuán, admitiendo ser un hombre presumido para gustar a las mujeres. Sin embargo, la soltera experimentó justo el efecto contrario nada más verlo aparecer por la puerta del restaurante. «Físicamente no me atrajo para nada… No me gusta su nariz, ni su boca. En general, no me gusta», dictaminó. Todo lo opuesto a lo que Fernando pensó de ella. «Me gusta bastante, tiene unos labios sensuales y carnosos. Está muy apetecible. Y dicen que las colombianas son muy fogosas y activas en la cama, que es lo que nos gusta a los hombres. Sobre todo a ciertas edades», expuso ante el equipo del programa. Pero si la primera impresión de Blanca acerca de su cita no fue la mejor, él se encargó de empeorarla al abrir la boca. Y es que Fernando empezó la conversación una vez acomodados en la mesa por un tema quizá poco apropiado para romper el hielo en una primera cita: lo mucho que necesita el sexo en su vida. «El primer año con mi mujer lo hacíamos dos o tres veces», contó, sin ningún tipo de filtro. A su pretendienta no lo consideró adecuado, como era de esperar. «No se si sea vanidad o que quiere verse como un Superman, pero es feo eso en un hombre. Un caballero no lo dice», se quejó en privado. Él continuó yéndose de la lengua y confesó que engañó a su mujer. Blanca llegó a la conclusión de que esa era solo una de varias infidelidades que Fernando debió cometer durante su matrimonio. Para colmo, todavía vive bajo el mismo techo que su ex, algo que para la colombiana es de «caradura». Además, el funcionario jubilado no se cortó expresando las ganas de que su esposa se vuelva a casar para dejar de pagarle la pensión compensatoria. Su cita lo tildó de «vulgar» en privado, un adjetivo que repetiría más veces a lo largo de la velada. «Es el prototipo de hombre con el que no me hubiera vinculado nunca. No me apetece físicamente, no tendría un romance con Fernando», incidió la mujer por si no lo hubiera dejado ya cristalino. Mientras el furor pasional de Fernando se encendía, las expectativas amorosas de Blanca se apagaban. Al cabo de un rato, el soltero volvía a sacar su tema preferido; y además, lo hizo con una pregunta demasiado directa para el gusto de su cita. «¿Has probado el sexo oral?», quiso saber. «Me ha parecido vulgar y que no ha debido preguntarme nada de eso. Esas cosas se dan, no se preguntan», aseveró la empresaria jubilada en los totales. Aunque ella esquivó con mucha soltura la conversación incómoda que su pretendiente puso encima de la mesa, él siguió insistiendo con otras cuestiones relacionadas. De hecho, llegó a soltar una frase que a ella le pareció «absolutamente machista». Según Fernando, «al hombre hay quedarle sexo para conseguir amor, y a la mujer hay que darle amor para conseguir sexo». En el reservado del restaurante, Blanca hacía una única concesión: bailar un bolero con su cita. Craso error, porque él se lo tomó como la oportunidad perfecta para arrimarse. O como apuntó ante el equipo, «para restregarte con la mujer». Y de últimas, intentar robarle un beso que ella evitó como pudo. «Me pareció sensato y natural. Pero me apretaba y me apretaba me empezó a asfixiar un poco. Muy mal, mi cuerpo lo rechazó totalmente», explicó más tarde la soltera cuando él no la escuchaba. Pese a la cobra, Fernando estaba dispuesto a una segunda cita. Educadamente, Blanca le explicó que no podía comprometerse a seguir conociéndolo, alegando que «la persona de mis sueños no se ajusta a ti».