EE UU prepara un submarino robot imparable que lanza enjambres de drones bajo el mar

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La Armada de Estados Unidos acaba de dar un paso que puede redefinir la guerra submarina. Anduril, la empresa de defensa fundada por Palmer Luckey, ha completado el prototipo del Dive-XL, un vehículo submarino autónomo diseñado para funcionar como nodriza de drones bajo el agua. El aparato cabe en un contenedor de transporte estándar, se puede cargar en un avión C-17 y opera sin tripulación durante periodos de hasta diez días.El proyecto se enmarca en el programa CAMP (Combat Autonomous Maritime Platform) de la Armada estadounidense, que busca desarrollar sumergibles no tripulados capaces de ejecutar misiones de forma autónoma en aguas profundas. El Dive-XL mide unos 8 metros de eslora y 2 metros de manga, alcanza una profundidad máxima de 6.000 metros y tiene un radio de acción de 2.000 millas náuticas. Su propulsión es completamente eléctrica.Lo que distingue al Dive-XL de otros prototipos submarinos autónomos no es solo su autonomía, sino su función de nodriza. El vehículo lleva en su interior módulos de carga intercambiables desde los que puede desplegar drones submarinos más pequeños, como el Copperhead AUV o el robot de monitorización Seabed Sentry, además de torpedos y otros sistemas. La idea es que un solo sumergible controle un enjambre de aparatos más pequeños que cubran áreas enormes.Un diseño pensado para producir en masaA diferencia de los submarinos convencionales, el Dive-XL no tiene casco de presión tradicional. Su estructura es modular y de inundación libre, con carcasas selladas internas que protegen la electrónica y la carga útil. Ese diseño, según Anduril, abarata la fabricación y permite multiplicar la producción de forma similar a como se fabrican vehículos terrestres: con piezas estandarizadas y líneas de montaje rápidas.Según publicó New Atlas, el sumergible puede alojar tres módulos de carga estándar o uno de tamaño extragrande. Esa modularidad permite reconfigurar el vehículo para misiones muy distintas sin modificar el casco: inteligencia y vigilancia, guerra antisubmarina, contramedidas de minas o inspección de cables submarinos y oleoductos. Se cambian los módulos, no el aparato.La transportabilidad es otro argumento de peso. Un dron submarino que cabe en un contenedor de cuatro metros puede desplegarse desde cualquier puerto, aeródromo o buque de carga civil. No necesita una base naval ni un buque de apoyo especializado. En un escenario de conflicto en el Pacífico occidental, esa flexibilidad logística vale tanto como la propia capacidad del arma.La apuesta por lo autónomo y baratoAnduril no es un contratista de defensa tradicional. Nacida en 2017 de la mano de Luckey —el creador de Oculus VR—, la empresa ha construido su modelo de negocio sobre la premisa de que el software define el campo de batalla más que el hardware. Su plataforma Lattice, un sistema operativo para vehículos autónomos militares, es el cerebro que gobierna al Dive-XL y le permite tomar decisiones de navegación y despliegue sin enlace continuo con un operador.Esa filosofía choca con la forma en que la Armada ha comprado submarinos hasta ahora. Los programas de clase Virginia o Columbia cuestan miles de millones por unidad y tardan años en completarse. El Dive-XL aspira a ser lo contrario: un sumergible desechable o, al menos, prescindible, cuya pérdida no suponga un desastre presupuestario. Producir muchos y baratos frente a pocos y caros es la lógica que ya ha trastocado la guerra aérea con los drones, y que ahora baja al fondo del mar.La Armada tiene prevista una demostración operativa de larga duración en los próximos meses. Si el Dive-XL cumple lo prometido —cien horas sumergido a lo largo de diez días, desplegando y recuperando drones de forma autónoma—, Anduril habrá demostrado que un arma naval eficaz no tiene por qué costar lo mismo que un portaaviones.El fondo del océano lleva siglos siendo un espacio dominado por quien más gasta. Si la producción en masa de sumergibles autónomos se abre paso, ese dominio podría empezar a medirse en líneas de código y no solo en toneladas de acero.