Guerra en Irán amenaza la seguridad alimentaria global por falta de fertilizantes

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En el mundo, la urea ha subido cerca de un 50 %, mientras que el amoníaco ha escalado un 20 %. Imagen: Flickr UN Women America.El recrudecimiento de las tensiones en el Estrecho de Ormuz, un corredor vital para el comercio mundial, pasó de ser solo un problema energético para convertirse en una amenaza directa para el sector agrícola global.Un informe de Alpine Macro, la firma de investigación de Oxford Economics, advirtió que el conflicto en Irán está provocando un choque de suministro en los fertilizantes nitrogenados, esenciales para el rendimiento de los cultivos en todo el mundo.La producción de fertilizantes nitrogenados depende del gas natural, el cual representa entre el 60 % y el 70 % de los costos de producción. Debido a que los productores del Golfo Pérsico controlan aproximadamente un tercio de las exportaciones mundiales de urea y una cuarta parte de las de amoníaco, cualquier interrupción en la región asfixia el mercado, señala el informe.Alpine Macro reveló que, tras el estallido del conflicto, los precios han reaccionado de forma violenta: la urea ha subido cerca de un 50 %, mientras que el amoníaco ha escalado un 20 %.Esto los llevó a concluir que casi el 50 % de las exportaciones globales de urea y el 30 % de las de amoníaco están ahora expuestas a interrupciones, si se consideran los efectos colaterales en toda la región de Oriente Medio y el Norte de África.Un ejemplo claro es Qatar, que exporta entre 5 y 6 millones de toneladas de urea al año (un décimo del comercio marítimo mundial) y ha visto su producción afectada tras ataques a su infraestructura energética.Dada la persistencia del conflicto, se espera que la brecha entre los precios de los fertilizantes y los productos agrícolas se amplíe en los próximos 3 a 6 meses, según el informe.China y Rusia serían incapaces de cubrir el vacíoChina, un actor fundamental en el mercado de fertilizantes nitrogenados, ha endurecido sus controles de exportación para priorizar su consumo interno, prohibiendo incluso los envíos de mezclas de nitrógeno y potasa. Pese a estos cierres, sus precios internos de urea han subido un 40 %.Por su parte, Rusia enfrenta limitaciones de capacidad y sus propias restricciones a la exportación, lo que le impide aumentar los envíos de forma significativa, de acuerdo con el reporte de Alpine Macro.En América del Norte, Canadá opera al máximo de su capacidad instalada, mientras que Estados Unidos sigue siendo un importador neto de nitrógeno, dependiendo de países como Rusia, Qatar y Trinidad y Tobago para abastecerse.El impacto no es uniforme. Asia se encuentra en el epicentro, especialmente India y Tailandia, que dependen masivamente de las importaciones de Oriente Medio. Europa también es vulnerable por sus altos costos energéticos, que ya han forzado recortes en la producción local.En América Latina, el punto crítico es Brasil, ya que el gigante agrícola importa el 85 % de sus necesidades de fertilizantes, lo que pone en riesgo la rentabilidad y el volumen de producción de cultivos clave como la soja y el maíz.Alpine Macro anotó que esta crisis difiere de la de 2022, tras la invasión de Ucrania, porque Rusia y Ucrania controlaban entre el 25 % y el 30 % de las exportaciones de trigo, y las exportaciones de granos de Ucrania cayeron más del 90 % en pocos meses, lo que disparó la inflación de inmediato.Además, el conflicto actual es primordialmente un choque de energía y fertilizantes. Esto significa que la presión sobre los precios de los alimentos básicos será más lenta y menos severa, ya que el impacto en las cosechas se verá reflejado en uno o dos ciclos agrícolas (12 a 18 meses) a medida que los agricultores reduzcan el uso de fertilizantes por sus altos costos, afectando el rendimiento final.—