Hay algo profundamente obsceno —políticamente obsceno— en la escena que se ha representado en la Fundación Cajasol. Bajo el título La duquesa política, se rinde homenaje a Cayetana Fitz- James Stuart, convertida ahora en figura digna de reflexión pública. Pero el problema no es tanto el homenaje a una aristócrata juerguista como lo que revela: quién lo impulsa, quién lo