Un asteroide ha traído hasta la Tierra algo más que polvo antiguo: una huella intacta del nacimiento del sistema solar. Las partículas de Ryugu revelan que algunas rocas pueden registrar y conservar campos magnéticos de hace 4.600 millones de años
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El material recogido por la misión japonesa Hayabusa2 no solo permite estudiar la composición del sistema solar primitivo. También demuestra que ciertos minerales actúan como auténticos archivos físicos, capaces de preservar el entorno magnético en el que se formaron.