La NASA guardó rocas de la Luna durante 54 años y lo que han encontrado cambia todo

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La NASA no conservó aquellas muestras lunares por nostalgia, sino para estudiarlas en el futuro. Parte del material recogido por la misión Apolo 17 en 1972 quedó sellado durante décadas con la idea de que la ciencia del futuro podría extraer información imposible de detectar en su momento. Ese plan ha acabado dando resultado. Un equipo liderado por la Universidad de Brown ha analizado ahora una de esas muestras intactas y encontrado una señal química inesperada en el azufre de varias rocas lunares.Los investigadores detectaron una fuerte anomalía en el isótopo azufre-33, con valores muy distintos a los habituales en la Tierra. Eso pone en duda una idea que durante años se había dado casi por sentada: que el interior de la Luna y el de nuestro planeta compartían una firma isotópica muy parecida. El hallazgo no ofrece todavía una respuesta definitiva, pero sí abre una grieta importante en cómo se explica el origen y la evolución del satélite.Lo que revelan estas rocas sobre el origen real de la LunaLa muestra estudiada procede de un tubo metálico introducido unos 60 centímetros en la superficie lunar por los astronautas Gene Cernan y Harrison Schmitt, en la región de Taurus-Littrow. A su regreso a la Tierra, la NASA la cerró en una atmósfera de helio dentro del programa Apollo Next Generation Sample Analysis (ANGSA). La lógica era no gastar todo el material con la tecnología de los años setenta y dejar una parte intacta para instrumentos mucho más precisos. Eso es exactamente lo que ha ocurrido.Para examinar esas rocas, el equipo usó espectrometría de masas de iones secundarios, una técnica de alta precisión que permite medir proporciones isotópicas a una escala muy fina. En otras palabras: puede leer la huella química de un material.Los científicos buscaban sulfuros con aspecto de haber ascendido desde el interior lunar junto a rocas volcánicas, no compuestos alterados después por procesos superficiales. La sorpresa llegó cuando comprobaron que parte de ese azufre estaba claramente empobrecida en azufre-33, algo que no encaja con lo observado en muestras terrestres comparables.En geología planetaria, ese detalle es clave. Los isótopos funcionan como marcadores del origen y la historia de los materiales. Si la Tierra y la Luna proceden de una mezcla muy intensa tras el gran impacto que habría formado el sistema Tierra-Luna, lo esperable sería encontrar composiciones bastante similares en muchos elementos. Ya se sabía que el oxígeno apuntaba en esa dirección. Por eso este comportamiento del azufre llama tanto la atención, ya que rompe la expectativa de una correspondencia casi total y obliga a plantear escenarios más complejos.Ante este descubrimiento, los autores manejan, por ahora, dos explicaciones:La Luna primitiva tuvo una atmósfera tenue y temporal en la que el azufre reaccionó con la radiación ultravioleta solar. Ese proceso fotoquímico habría alterado la firma isotópica del elemento. El problema es que, para que esa señal aparezca después en rocas del interior lunar, debió existir algún mecanismo que transportara material desde la superficie hasta zonas profundas del manto. Precisamente ahí está uno de los puntos más llamativos del estudio: la Luna no tiene tectónica de placas como la Tierra, así que ese intercambio exigiría otro tipo de dinámica geológica antigua.La segunda hipótesis mira todavía más atrás, al momento mismo en que nació la Luna. Según la teoría más aceptada, un protoplaneta del tamaño de Marte, conocido como Theia, chocó con la Tierra y del material expulsado surgió nuestro satélite. Si Theia tenía una composición de azufre diferente y parte de esa señal sobrevivió a la colisión, la Luna podría haber conservado un rastro químico que no vemos en la Tierra actual. En ese caso, estas rocas selladas durante décadas estarían ofreciendo una pista directa sobre la mezcla real de materiales que dio lugar al sistema Tierra-Luna.De momento, el estudio no permite elegir con seguridad entre una explicación y otra. Los propios investigadores plantean que harán falta más comparaciones con muestras de otros cuerpos del sistema solar, como Marte o ciertos asteroides, para saber si esta anomalía apunta a un legado de Theia o a procesos ocurridos después de la formación lunar. En cualquier caso, el hallazgo deja claro que la idea de una Luna químicamente casi calcada a la Tierra deja de parecer tan sólida como antes.ol.ejs-list { list-style-type: decimal !important; }ul.ejs-list { list-style-type: disc !important; }.ejs-list { display: block !important; margin: 1em 0 !important; padding: 0 0 0 40px !important; border: none !important; list-style-position: outside !important; }.ejs-list ol { display: block !important; list-style-type: decimal !important; margin: 0 !important; padding: 0 0 0 40px !important; border: none !important; list-style-position: outside !important; }.ejs-list ul { display: block !important; list-style-type: disc !important; margin: 0 !important; padding: 0 0 0 40px !important; border: none !important; list-style-position: outside !important; }.ejs-list li { display: list-item !important; list-style-type: inherit !important; list-style-position: inherit !important; margin: 0 !important; padding: 0 !important; border: none !important; }