Marché de Nápoles a Roma, camino inverso al que realizara Caravaggio y, huelga decirlo, sin asesinar a nadie como presuntamente el celebérrimo pintor barroco hiciera en su momento. ¡AVE, Roma! Que ya llega quien te admiraba sin conocerte, sin más edicto que el de tu legado, tu imperio, tu historia, tu gloria, tu Corpus Iuris Civilis y tu nombre pronunciado