El Viernes de Dolores entrega a los barrios la llave de la Semana Santa

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Las puertas de la Semana Santa de Sevilla se abrieron de par en par en un Viernes de Dolores de sol y mucho público. Las de la Semana Santa y las de Bellavista , que protagonizó el gran estreno de la jornada. La hermandad del Dulce Nombre salía con sus titulares desde el interior de un templo siete años después. Nadie quiso perdérselo en el barrio. La masa de personas que se agolpaban en los alrededores de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús a las seis y media anticipaba las aglomeraciones que serán el pan de cada día a partir del Domingo de Ramos en una Semana Santa que se prevé plena y multitudinaria. «Llevo treinta años viviendo en Bellavista y nunca he visto una cosa así», exclamó un vecino del barrio viendo el gentío congregado en la calle Asensio y Toledo. La masificación ha llegado hasta a los barrios más periféricos. Minutos antes de las siete salía el misterio del Señor de la Salud y Remedios por la nueva puerta lateral de la iglesia, inaugurada hace tan sólo unos días. Levantada con el esfuerzo de los hermanos, esta puerta flanqueada por dos azulejos de las imágenes logró dejar atrás la carpa de los últimos años y dignificar su estación de penitencia. Con los aplausos, abrazos y lágrimas de emoción de la salida se cerraba el capítulo abierto en 2019 con la marcha forzosa de su anterior sede por el derribo de la misma, a la que nunca regresaron. La banda sonora de este día de fiesta en el barrio fue la agrupación de la Redención, que no paró de tocar tras el misterio. Las modas musicales que se vienen imponiendo de un tiempo a esta parte no tienen cabida en Bellavista. Detrás del Señor venía la Virgen del Dulce Nombre . No faltaron la petalá, el saetero y el carrito de los globos para completar esa especial escena que durante años recordarán en el extremo meridional de Sevilla. El paso de palio avanzaba cuajado de velas rizadas y coloridas flores en su último año antes de estrenar las nuevas bambalinas y el frontal bordado. La Virgen dio una vuelta completa sobre sí misma —y no fue la única— antes de abandonar el entorno de la iglesia para deleite de sus fieles y vecinos mientras desde los balcones se intuían convites y celebraciones familiares. Antes de eso se habían puesto en la calle los primeros nazarenos de la Semana Santa. Las campanas de Jesús Obrero daban las cinco cuando la cruz de guía de Bendición y Esperanza echó a andar por el Polígono Sur. Tras ella, los nazarenos blancos de capa con antifaz verde que se habían incrementado tras el debut del año pasado. Los devotos no dudaban en aplaudir cada vez que el paso de misterio se levantaba y comenzaba a tocar su agrupación de Santa María de la Esperanza. Entre las ausencias más notables, la de Manuel Roldán, el capataz, que no pudo salir por un problema en la rodilla, a quien se dedicó la primera levantá. Un sol de justicia se proyectaba sobre las figuras del conjunto escultórico, incluida la dolorosa vestida de hebrea, mientras se lucía haciendo cambios a la música. Las plumas de los cascos de los romanos —en el Polígono Sur no hay miedo a los excesos— se agitaban con unas ráfagas de viento que mitigaron el calor de las primeras horas de la tarde, algo que agradecieron especialmente los acólitos y la pertiguera. Con el impulso de la reciente visita de la Esperanza de Triana, Bendición y Esperanza comenzó a buscar el Tiro de Línea proclamando a los cuatro vientos que la semilla cristiana y cofrade ha germinado en uno de los barrios más pobres de España y ya está dando frutos. En Heliópolis, la decana de la jornada volvía a hacerse cofradía de niños y de porches repletos. La Misión , que sigue reclamando con insistencia hacer estación de penitencia a la Catedral, volvió a reunir a sus vecinos en un día de reencuentros marcado en rojo en el calendario. Su paso de misterio, con el Señor revestido con todos sus atributos, ofreció algunos de los momentos más clásicos del día a sones de las Cigarreras. La banda homenajeó a Francis González Ríos interpretando una selección de sus marchas más emblemáticas -además del estreno en la calle de 'La otra mejilla' en la larga chicotá con la que se plantó el barco del Claret en el Virgen del Rocío, uno de los puntos clave del recorrido. La logística de esta cofradía con el tráfico de la ciudad no es nada sencilla por la necesidad de cortar la circulación al cruzar de un lado a otro de la Palmera. Mientras el paso de misterio se encontraba detenido frente al hospital, la cruz de guía, precedida por la juvenil de las Cigarreras, ya aguardaba en Torcuato Luca de Tena para poder regresar a Heliópolis . Ya con el tráfico detenido de nuevo, el cortejo comenzó a atravesar la avenida de vuelta mientras aún no había terminado una saeta al Señor de la Misión. Pese a las dificultades materiales y a la saturación actual de la Semana Santa, que va en aumento, sus hermanos no cejan en el empeño de conquistar el corazón de la ciudad. Mientras eso ocurre, el misterio seguirá avanzando rodeado de monaguillos del colegio y cofrades que comienzan los días grandes entre naranjos y edificios regionalistas. Aunque no todos lo hacen en Heliópolis. Todos los caminos del Viernes de Dolores llevan a Pino Montano , otro de los epicentros de la jornada. Llegar hasta allí es una auténtica odisea y salir es más de lo mismo, pero merece la pena sortear las obras del Metro para darse de bruces con la autenticidad de la Semana Santa. Aquello es un barrio con mayúsculas. Se vio desde primera hora del mediodía, con los bares hasta la bandera y los vecinos compartiendo mesas y comida en los patios de algunos bloques. De ellos salían en legión los casi mil nazarenos que lleva la cofradía, muchos de ellos muy jóvenes. Cinco minutos antes de lo previsto se abrieron las puertas de la parroquia para dejar paso a la cruz de guía. Una hora y veinte tardó en salir la hermandad al completo. Ya hasta en las Vísperas se hace eterno ver un cortejo entero a pie quieto. Pero poco le importaba a las pandillas de chavales que se habían citado en la plaza del mercado para ver salir el misterio. Tampoco a un grupo de señoras que se habían bajado la silla de casa para evitar el parón. Cosas de las generaciones. El Señor de Nazaret se mostraba este año con un guiño al pasado, vestido con túnica blanca y un mantolin rojo. «Hace treinta años que empecé a salir aquí de costalero y así era como iba», recordaba Juanlu. Él es uno de esos niños de Pino Montano que ya se fueron pero que vuelven cada año cuando su hermandad los llama. Porque también es un dia de reencuentros y de estrenos en el barrio más al norte de la Semana Santa. Con el reloj marcando las seis en punto, el primer paso se asomaba a la puerta. La agrupación de San Benito acompañaba el momento a los sones de 'Eterna Victoria' y el virtuosismo de la cuadrilla puso el resto para completar la escena del delirio del pueblo. Más se hizo de rogar la Virgen del Amor , que este año mostraba una paleta de infinitos rosas en las flores del palio. Un grupo de mujeres del coro esperaban en las vallas para cantarle como todos los años la letra de la marcha 'Amor y Esperanza', esa que dice que «la Rosa de Pino Montano, Macarena se siente a la vez». Eran más de las siete de la tarde pero nadie miraba el reloj. La banda de La Puebla elevó el tono de la emoción al enlazar con Campanilleros mientras la dolorosa se perdía entre una bulla que ya no la dejaría sola en toda la noche. Allí estuvo el alcalde José Luis Sanz acompañado por el delegado de Fiestas Mayores, Manuel Alés. Casi a la misma hora, el arzobispo hacía lo propio en la salida del paso del Cristo de la Corona desde el Patio de los Naranjos de la Catedral. Este año, una hora antes de lo habitual, cambiando las luces del crepúsculo por los últimos rayos de sol de la tarde. Iba Saiz Meneses presidiéndolo con una vara, arropando a unos nazarenos que para llegar al templo habían tenido que sortear ordas de guiris con ansias de cazar una foto. Esta cofradía es el primer encuentro que tienen los turistas con la Semana Santa y eso a veces hace que se pierda el sentido de la penitencia. La hermandad se resiste y por eso cuida con mimo cada detalle de su cortejo. Todo medido y en su justa medida. Desde el Señor y la humildad de su cruz a los iris salpicados en el canasto, desde la compostura de su cortejo hasta las voces acompasadas de la escolanía de María Auxiliadora. Y todo ello con un recorrido que está en el top tres de los más bellos de Sevilla. Francos, Real de la Carretería, Dos de Mayo, la Plaza del Triunfo, el barrio de Santa Cruz...como para que la foto de los turistas no saliera para enmarcar. La imagen en la calle Trabajo era otra. La de una Giralda que a los lejos se fundía con la imagen del crucificado de Pasión y Muerte . Solo unos cuantos privilegiados de Triana han entendido que en el barrio de los excesos también es posible seguir a Dios desde el silencio. Apenas cien eran los que contaban esa historia entre el mutismo de sus negras túnicas. Hasta Manolo Vizcaya adaptó su voz y su rictus a los que pedía la tarde en Conde de Bustillo. Y todo en ocho minutos, el tiempo que tardó en pasar al completo el cortejo buscando la parroquia de Santa Ana. Este año con una plazuela sin ficus que ha convertido este enclave en un lugar aún más idílico para ver pasar una cofradía. Eran los contrastes de una tarde que se volvió madrugada sin tiempo en los barrios. Metáfora perfecta de un Viernes de Dolores donde empezó a estallar el gozo de la primavera según lo entiende Sevilla. La mejor noticia es que la Semana Santa no ha hecho más que empezar.