Del régimen en semilibertad del que ya disfruta Soledad Iparraguirre, Anboto, de la utilización sibilina de un artículo (100.2 del reglamento penitenciario) que suele disponerse para facilitar la vida de los terroristas, hay algo aún más grave y mezquino que esto último: salga cuando salga, más pronto que tarde, no le faltará a la exjefa etarra, condenada a 793 años de cárcel por su vinculación con 14 asesinatos, gente que vaya a las puertas de la cárcel a recibirla, ciudadanos que promuevan su nombre y su cara para camisetas, pintadas callejeras o carteles, fiestas populares en reconocimiento a su trabajo por la libertad del pueblo vasco, empresas que le ofrezcan empleo en caso de quererlo, ventajas académicas en caso de que quiera estudiar, aprecio y respeto y admiración de vecinos que la hagan sentir, a Soledad Iparraguirre, Anboto, que si bien el objetivo que perseguían sus asesinatos no se ha conseguido, el camino ha merecido la pena. Cuando muera, lo hará entre honores. Seguir leyendo