El corzo, en el punto de mira de la gestión cinegética

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La temporada de caza del corzo ya está en marcha en Andalucía ( del 1 de marzo al 15 de abril ), un periodo breve pero muy esperado por los aficionados al rececho, la modalidad más habitual para su captura. Sin embargo, más allá del interés cinegético, el corzo se ha convertido en una especie clave para entender la evolución reciente de la fauna silvestre en toda España. Y es que el crecimiento de sus poblaciones en las últimas décadas ha sido notable, experimentado una expansión sostenida tanto en su área de distribución como en el tamaño de sus poblaciones, un fenómeno que plantea nuevos desafíos para su gestión. Precisamente para analizar esta evolución y establecer bases para su manejo de cara al futuro, la Fundación Artemisan y la Asociación del Corzo Español han desarrollado durante tres años un amplio estudio cuyos resultados se recogen en el libro ' El corzo en España. Situación actual y prospectiva de futuro '. Una de las investigadoras que ha participado en este trabajo es Elena Fuentes , técnica de la Fundación Artemisan y directiva de la Federación Andaluza de Caza en Cádiz. «En este estudio hemos sacado varias conclusiones», adelanta esta bióloga gaditana, quien hace hincapié en que «se ve que hay sitios donde se han expandido y se han aumentado las poblaciones, pero hay otros en los siempre ha estado y ha disminuido. Eso se debe a enfermedades, asociadas a una alta densidad o mala gestión ». El corzo (Capreolus capreolus) es el más pequeño de los cérvidos europeos, una especie adaptada al bosque que destaca por su ágil morfología y su capacidad de salto. De hábitos generalmente solitarios y extremadamente discretos, suele dejarse ver al amanecer o al atardecer, moviéndose en silencio entre la vegetación densa. «El corzo es una especie que se adapta bien a casi todos los tipos de hábitats . Esa expansión se está viendo desde la zona noroeste hacia la noreste. En Andalucía los tenemos en Cádiz y en la zona de Málaga que está pegada . Aquí, además, tenemos el corzo morisco, que es diferente a los del resto de Europa y España, que son los mismos», explica Elena con respecto a esa diferenciación. A pesar de su carácter esquivo, tal y como ha mencionado la bióloga, su presencia es cada vez más habitual en amplias zonas de la península ibérica. De hecho, el estudio desarrollado por la Fundación Artemisan y la Asociación del Corzo Español refleja que, en los últimos cinco años, el número de capturas ha aumentado en torno a un 33% , un indicador indirecto del crecimiento de sus poblaciones. En este sentido, Elena matiza que «las capturas son un indicador denso-dependiente; es decir, en España no se sabe exactamente cuál es la densidad de corzos a ciencia cierta. Sí es verdad que tenemos un indicador, que son las capturas. A más corzos, más capturas». Este aumento, sin embargo, trae consigo nuevos retos de gestión. «Entre 2018 y 2022, el número de accidentes con corzos ha aumentado en un 60%», revela esta técnica de la Fundación Artemisan, quien pone énfasis en que « la caza es una herramienta de gestión para evitarlo ». Asimismo, hace hincapié en que «en España ha habido tres muertos a causa de corzos y multitud de heridos graves». Los daños a la agricultura o la mortalidad en infraestructuras como canales de riego, donde los animales pueden quedar atrapados y ahogarse, son otros problemas detectados. A ello se suma otro aspecto clave, el desajuste entre la capacidad real de extracción de las poblaciones y los cupos de caza autorizados. Durante la entrevista, Elena repite en varias ocasiones que una gestión cinegética adecuada resulta fundamental para mantener el equilibrio entre conservación, aprovechamiento y prevención de conflictos. Lo afirma en base a que «hicimos un estudio comparando datos oficiales de la administración, la cual da unos precintos según la densidad del coto, ya sea del corzo o de cualquier animal. Entonces, por cada precinto te dejan abatir a un animal». Al hilo de esto, y tras preguntar a más de 300 cazadores, señala como gran problema que «a densidades medias y altas en sus cotos, les daba la administración el mismo número de precintos. Es decir, en un coto donde tengas 50 corzos vas a tener los mismos precintos que si tuvieras 200, cuando eso no debería ser así». Esto, además, implica hacerle «un flaco favor a la especie porque no puedes extraer todos esos animales que sobran en la capacidad de carga del medio. Y eso conlleva falta de alimento, estrés, debilidad del animal, enfermedades… Es lo que ha pasado en zonas como Soria, donde han entrado enfermedades como la Cephenemyia stimulator, que se está cargando la población de corzos. Era un sitio donde antes había muchísimos y, sin embargo, ahora da pena». No duda en recalcar la bióloga que toda esta problemática viene ligada «a una mala gestión, ya no por parte de los cazadores, sino que la administración, no deja que se cace lo que se debería. Esto es la pescadilla que se muerde la cola; los cazadores y los cotos sociales lo intentan hacer bien, pero la administración no les da permiso . Y no se pueden cazar aparte porque sería caza ilegal». Por otra parte, destaca que «la mayoría de las comunidades no los suele dar ni por clases de edad ni por sexo. Si te dan 20 se van a querer aprovechar para los machos, pero tanto la administración como los cazadores deben ser conscientes de que hay que cazar machos, adultos viejos, hembras, crías… Por duro que sea . No es la parte más bonita de la caza, pero hay que estar concienciados de que la población debe tener un equilibrio para que se sostenga en el tiempo y sea sostenible». Admitiendo nuevamente que «la caza es fundamental», Elena recalca también que «en los cotos sociales, los cazadores son los que se preocupan por el estado de esta especie; están todo el año cuidando a los corzos, pendientes de que no tengan enfermedades, que tengan una buena alimentación y herramientas necesarias para su subsistencia de manera natural». Con lo cual, aboga por una mayor escucha por parte de la administración hacia el medio rural «para que sepa lo que está ocurriendo». Ya adelantaba Elena que Andalucía alberga una de las poblaciones de corzos más singulares de Europa y España. Se trata del llamado corzo morisco, una subespecie de menor tamaño que habita principalmente en las sierras de Cádiz y Málaga, especialmente en espacios naturales como el Parque Natural Sierra de Grazalema y el Parque Natural Los Alcornocales . Lo que los hace diferentes al resto es «principalmente el tamaño, tanto de su cuerpo como del trofeo. El corzo morisco se ha adaptado con ese tamaño al hábitat de Cádiz , permitiéndole ir por los recovecos. También se está extendiendo por la Campiña de Jerez, donde aumenta la población». En este sentido, desvela la bióloga gaditana que «se hizo un estudio con el tamaño de los trofeos para poder homologarlo de manera diferente porque, si el tamaño del corzo no te va a dar para más, no lo puedo homologar como los trofeos del resto de España. Nunca va a dar medallable. Así que se hizo un estudio comparando estas medidas morfométricas y se determinó que, efectivamente, era diferente». Un reconocimiento que llega por parte del Consejo Internacional de la Caza y la Conservación de la Fauna Silvestre ( CIC , por sus siglas en inglés). El hábitat donde vive este animal es muy singular. Las sierras gaditano-malagueñas albergan algunos de los alcornocales mejor conservados de España, bosques densos de alcornoques y quejigos que, gracias a una climatología de influencia atlántica, mantienen niveles de biodiversidad entre los más altos de Europa. En estos entornos húmedos y frondosos, el corzo encuentra refugio, alimento y condiciones óptimas para su supervivencia . No obstante, no todas las poblaciones andaluzas gozan de la misma situación. «Al corzo morisco hay que protegerlo. No estamos teniendo en Andalucía el problema de las enfermedades, pero hay que gestionarlo », comenta Elena, consciente de que factores como la fragmentación del hábitat o determinadas presiones ambientales hacen necesaria una gestión especialmente cuidadosa. «Una manera es no introduciendo refuerzos poblacionales de otras zonas de España y cuidar lo que tenemos. Si no, nos traeríamos enfermedades al sur y estaríamos hibridando la genética que tiene nuestro corzo», explica. La expansión del corzo en España entraña no pocos aspectos llamativos, tal y como deslizan las declaraciones de Elena. Sin embargo, ese crecimiento también plantea desafíos que requieren conocimiento científico, planificación y una gestión equilibrada. En Andalucía, donde el singular corzo morisco encuentra un hábitat natural único, el futuro de la subespecie dependerá de esa capacidad de gestión responsable . Una tarea en la que todos los involucrados (cazadores y administración) comparten un mismo objetivo, que no es otro que garantizar que este pequeño y esquivo animal siga formando parte del paisaje durante generaciones.