Fenómeno de El Niño: ¿Cómo mitigar los riesgos climatológicos en su empresa?. Foto: Imagen de Jose Antonio Alba en Pixabay.Actualmente Colombia atraviesa actualmente una temporada de lluvias intensa y atípica, con precipitaciones por encima de los promedios históricos y un aumento significativo en emergencias asociadas a fenómenos climáticos. Sin embargo, detrás de este escenario de abundante agua, las autoridades ya anticipan un giro que podría cambiar el panorama en los próximos meses: la posible llegada de condiciones de sequía hacia el segundo semestre de 2026. Le puede interesar: La opción que permite ahorrar hasta 50 % en consumo de energía en Colombia De acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), la primera temporada de lluvias del año inició formalmente a mediados de marzo y se extenderá hasta junio en gran parte del territorio nacional. Este periodo ha estado marcado por eventos extremos que ya dejan huella en el país. En lo corrido de 2026, se han registrado más de 600 emergencias en 328 municipios de 24 departamentos, con un saldo de al menos 155.000 familias damnificadas. Las regiones más afectadas incluyen Huila, Valle del Cauca, Antioquia, Cundinamarca, Caldas y Córdoba, donde se han presentado principalmente movimientos en masa, inundaciones, vendavales y crecientes súbitas. Este comportamiento climático responde a una variabilidad que ha intensificado las lluvias, saturando los suelos y aumentando la vulnerabilidad de los territorios. En términos operativos, esto implica mayores costos para la atención de emergencias, presión sobre la infraestructura y afectaciones en actividades productivas, especialmente en sectores como agricultura, transporte y comercio. Además, fenómenos de corto plazo como las ondas tropicales continúan elevando la probabilidad de eventos extremos en el centro y norte del país, lo que mantiene en alerta a las autoridades locales y nacionales. El giro del clima: señales de sequía en Colombia para el segundo semestre Aunque el país enfrenta actualmente un exceso de lluvias, las proyecciones climáticas apuntan a un cambio relevante en la segunda mitad del año. El Ideam, junto con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y la Dirección General Marítima (Dimar), advierte sobre una posible transición hacia el fenómeno de El Niño en el segundo semestre de 2026. Lea también: Facturas de gas y energía serían más caras en Colombia: alerta la Contraloría Este fenómeno se asocia con una disminución de las precipitaciones, aumento de las temperaturas y reducción de caudales en ríos y fuentes hídricas. En la práctica, esto puede traducirse en sequías, mayor riesgo de incendios forestales y posibles afectaciones al abastecimiento de agua. Ante este escenario, las autoridades han declarado un estado de vigilancia, lo que implica monitoreo permanente y acciones de preparación en los territorios. Aunque las lluvias recientes han impulsado una recuperación significativa en los embalses del país, el escenario no está exento de riesgos con las proyecciones que entregaron las autoridades. Actualmente, el nivel agregado del sistema de generación eléctrica se ubica en 83,3 % de su capacidad, una cifra que no se registraba desde junio de 2013. Sin embargo, esta mejora contrasta con antecedentes recientes que explican por qué hoy se encienden alertas ante una posible sequía. En 2024, durante uno de los episodios más intensos del fenómeno de El Niño, los embalses descendieron hasta 55,79 % del volumen útil, evidenciando la rapidez con la que el sistema puede perder capacidad en condiciones climáticas adversas. La transición de un periodo de lluvias intensas a uno de sequía no solo tiene implicaciones ambientales, sino también económicas. Una reducción sostenida en las precipitaciones puede afectar la generación de energía hidroeléctrica, aumentar los costos en el sistema eléctrico y presionar sectores productivos que dependen del recurso hídrico. En el caso de la agricultura, por ejemplo, un cambio abrupto en las condiciones climáticas puede afectar ciclos de cultivo y productividad. Para la industria y los servicios, el impacto se puede reflejar en mayores costos operativos y riesgos en la continuidad de las operaciones. Además, el abastecimiento de agua en ciudades y regiones podría verse comprometido si no se toman medidas preventivas con anticipación. Frente a este panorama, la UNGRD ha hecho un llamado a gobernadores, alcaldes y Consejos Territoriales de Gestión del Riesgo para que no esperen a que las condiciones de sequía se materialicen. Entre las recomendaciones están activar planes de contingencia, asegurar recursos en los Fondos Territoriales de Gestión del Riesgo y avanzar en estrategias de ahorro de agua y prevención de incendios forestales. Puede interesarle: Así logró Colombia posicionar su aguacate en el mercado europeo más exigenteTambién se insiste en la necesidad de identificar zonas vulnerables y actualizar los planes de respuesta, en un contexto donde la variabilidad climática obliga a anticiparse más que reaccionar.