Cuando pensamos en WiFi, lo normal es imaginar una casa, una oficina o, como mucho, una calle con buena cobertura. Pero un grupo de investigadores surcoreanos acaba de llevar esa idea mucho más abajo, literalmente.Han desarrollado una tecnología de comunicación inalámbrica capaz de atravesar hasta 100 metros de tierra, algo que podría resultar fundamental para localizar y comunicarse con personas atrapadas en cuevas, túneles o derrumbes.La propuesta no usa el sistema habitual de radiofrecuencia que emplean los móviles y routers. En su lugar, recurre a inducción magnética, una técnica que permite enviar señales a través del subsuelo evitando buena parte de la degradación que sufren las ondas normales cuando se topan con roca y tierra.Una señal que atraviesa la tierra donde el WiFi normal fracasaEl avance ha sido desarrollado por investigadores del Electronics and Telecommunications Research Institute (conocido como ETRI) de Corea del Sur. En sus pruebas utilizaron una antena transmisora relativamente compacta, junto a un sensor receptor de campo magnético, para establecer comunicación en un entorno de roca caliza, un terreno especialmente difícil porque bloquea muy bien las señales convencionales.La velocidad conseguida es todavía muy baja, de apenas 2 Kb/s, así que no hablamos de ver vídeos ni enviar fotos. Pero para un escenario de emergencia, esa limitación no es lo importante. Lo que importa es que la señal llegue y permita transmitir información básica, como una ubicación, una alerta o un mensaje corto.El proyecto empezó en 2023 con una primera versión que lograba 40 metros de alcance. Ahora, gracias al cambio hacia un sistema basado en inducción magnética, han ampliado el rango hasta los 100 metros. Es un salto importante, sobre todo porque otras tecnologías similares ya existentes suelen necesitar muchísima potencia para conseguir resultados parecidos.Aquí está una de las claves. Este nuevo sistema podría integrarse en dispositivos más pequeños y con menor consumo energético, lo que abre la puerta a usos mucho más prácticos.La gran promesa está en los rescates y dispositivos de bolsilloEl objetivo más llamativo es muy evidente: ayudar a los servicios de emergencia a localizar y comunicarse con personas atrapadas bajo tierra. En un derrumbe o en una mina, por ejemplo, disponer de una tecnología así podría marcar una diferencia enorme en las primeras horas de búsqueda.También podría ser útil en cuevas, túneles, perforaciones marinas o incluso en aplicaciones de defensa. Y lo más interesante es que el ETRI ya estudia cómo llevar esa tecnología a smartphones, algo que la convertiría en una herramienta mucho más accesible.No es la primera vez que vemos cómo la tecnología intenta resolver problemas de conectividad en entornos complicados. Ahí está el caso del WiFi 8, que busca descongestionar redes saturadas en edificios, aunque todavía está lejos de llegar al mercado. Pero esto juega en otra liga, o sea, no se trata de mejorar la cobertura en una oficina, sino de mantener un hilo de comunicación donde normalmente no hay nada.Además, encaja muy bien con otra tendencia clara: usar tecnología para reducir riesgos en entornos extremos. Igual que ya existen robots preparados para entrar en incendios o zonas peligrosas antes que los bomberos, este tipo de comunicación subterránea podría convertirse en otra capa extra de seguridad.Eso sí, aún está lejos de ser un producto comercial, pero la idea es potente. Porque si algún día alguien queda atrapado a decenas de metros bajo tierra, una señal débil pero estable puede valer mucho más que el mejor WiFi del mundo.