Diez toques de balón acarrean un mensaje. Alrededor del mundo, gente corriente y gente famosa se planta delante de una cámara para demostrar que pueden dar una decena de puntadas a la pelota. Decenas y decenas de toques se transforman en centenares de sacudidas que viajan a través del globo, cruzan el mar Mediterráneo y sortean el muro de apartheid israelí que envuelve la Cisjordania ocupada. Aterrizan sobre la hierba del estadio de fútbol del campamento de refugiados Aida, en Belén. Los más de 250 niños que juegan en esa pista sienten cada toque como una constatación de que no están solos, y que el mundo no permitirá que les saquen de allí. Por el momento, los cientos de golpes han llegado hasta los despachos de la FIFA y la UEFA. Desde allí, los altos cargos del fútbol han exigido a Israel que detenga la demolición del estadio de Aida. Es su primer gran triunfo.Seguir leyendo....