El Papa clama desde Mónaco: «No nos acostumbremos a las imágenes de guerra»

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El Papa León XIV ha clausurado su visita exprés al Principado de Mónaco con una misa multitudinaria ante 15.000 personas en el estadio Luis II de Montecarlo. En todas las intervenciones de este viaje ha mencionado dos cuestiones, la defensa de la vida y la búsqueda de la paz. Desde este enclave, ha pedido al mundo que «no se acostumbre al estruendo de las armas ni a las imágenes de guerra». Ha dicho que los conflictos son siempre «fruto de la idolatría del poder y del dinero» y ha pedido no reducir la paz al equilibrio de fuerzas. Su receta para salir de la guerra es mirar «a las personas como un hermano al que cuidar y no como un enemigo al que abatir». En primera fila le escuchaban los príncipes Alberto II y Charlène de Mónaco , junto a sus hijos Jaime y Gabriela. También estaban sentadas detrás de ella Carolina y Estefanía de Mónaco. En la homilía, el Papa ha lamentado «cuántos cálculos se hacen en el mundo para matar inocentes; cuántas falsas razones se esgrimen para quitarlos del medio». Ha dicho que la actitud más cristiana es la misericordia que «se hace cargo de toda existencia humana, en cada una de sus fragilidades, desde que es concebida en el seno materno hasta que envejece». En cuanto a las guerras «que ensangrientan el mundo», ha dicho que «son fruto de la idolatría del poder y del dinero» y con perspectiva mística ha asegurado que «cada vida truncada es una herida al cuerpo de Cristo». «No nos acostumbremos al estruendo de las armas ni a las imágenes de guerra», ha clamado. Y ha asegurado que «la paz no es un mero equilibrio de fuerzas; es obra de corazones purificados, de quienes ven en el otro a un hermano al que cuidar y no a un enemigo al que abatir». Ante esta sociedad monegasca, icono del lujo y el ocio, León XIV ha añadido que «la alegría auténtica no se obtiene como un premio sino que se comparte con la caridad». Ha dicho que se concreta en el «amor por la vida naciente y frágil, que ha de acogerse y cuidarse siempre; amor por la vida joven y anciana, que hay que animar en las pruebas de cada etapa; amor por la vida sana y enferma, a veces sola, siempre necesitada de ser acompañada con esmero». El único sobresalto de la visita al principado ha sido que en uno de los desplazamientos del papamóvil, la caravana ha sido detenida por dos manifestantes de la organización ecologista PETA («People for the Ethical Treatment for Animals» que protestaban contra las corridas de toros. La organización asegura que las activistas eran de Alemania y que han sido arrestadas. El Papa ha estado casi nueve horas en el Principado de Mónaco , el segundo país más pequeño del mundo, después del Estado Ciudad del Vaticano. Una visita breve pero sumamente simbólica, pues se trata del primer Estado europeo que visita. Su idea era dar las gracias a Alberto de Mónaco por negarse en noviembre a ratificar la ley del aborto, pues su constitución reconoce al catolicismo como religión de Estado. En su saludo oficial en el balcón del Palacio Grimaldi , el Príncipe Alberto II ha mencionado «el respeto de la dignidad humana en todas sus dimensiones», incluido el respeto de la Creación, que significa «proteger al hombre». El Papa ha recordado que el papel que el Principado reconoce al catolicismo no significa plantear batallas religiosas o culturales pues el cristianismo es «una presencia que no aplasta, sino que libera ; que no separa, sino que une; dispuesta a proteger siempre con amor toda vida humana, en cualquier momento y condición, para que nadie sea excluido jamás de la mesa de la fraternidad». El Pontífice se ha ido soltando a medida que avanzaba la visita. La timidez inicial con la que se ha movido durante el recibimiento y ante los príncipes Alberto II y Charlène se ha disuelto en una cordial sonrisa ya desde que se ha asomado al balcón del palacio de los Grimaldi para saludar a varios miles de monegascos. Durante su visita a la catedral , sentado muy cerca del lugar donde están enterrados Rainiero de Mónaco y Grace Kelly, León XIV ha pedido a los católicos que no reduzcan la fe católica a una costumbre, «aunque sea buena». Les ha dicho que su religión debe ser «capaz de suscitarles preguntas y provocarles». Él mismo les ha desafiado con cuatro cuestiones centrales para la sociedad: «¿Estamos realmente defendiendo al ser humano? ¿Estamos protegiendo la dignidad de la persona en la protección de la vida en todas sus fases? ¿Es realmente justo y está inspirado en la solidaridad el modelo económico y social vigente? ¿Ese modelo está habitado por la ética de la responsabilidad, que nos ayuda a ir más allá de la «lógica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en sí mismo,» para construir una sociedad más justa?». También allí ha avisado a los católicos de la tentación «de reducir el hombre al individualismo y de fundar la vida social sobre la producción de la riqueza» y les ha solicitado que trabajen para que «la vida de todo hombre y de toda mujer sea defendida y promovida desde su concepción hasta su fin natural». A continuación, ante la fachada de la iglesia de la patrona nacional, la mártir santa Devota, se ha reunido con jóvenes y ha escuchado las historias de cuatro de ellos, una doctora y un jefe de obras que este Sábado Santo recibirán el bautismo junto a un grupo numeroso de personas. «Cuando veo lo que ocurre en el mundo, los problemas medioambientales, los conflictos, me temo que nos esperan tiempos difíciles; la situación actual no augura nada bueno», le ha explicado uno de ellos. «El bien es más fuerte que el mal, incluso cuando, en ocasiones, parece que por el momento vaya perdiendo», les ha asegurado el Papa. Les ha alertado también del espejismo de buscar respuesta en « afiliaciones condicionantes, artificiales, a veces incluso violentas », en referencia quizá a los extremismos. La propuesta de León XIV a estos jóvenes es por un lado que sean «constructores de paz», y por otro, que busquen «lo que da solidez a la vida, que es el amor». «Ama, es decir, sé un don gratuito para Dios y para los demás; sé cercano, no te alejes, incluso cuando no puedas resolver todos los problemas ni arreglar todas las dificultades. Mónaco es un país hermoso, pero la verdadera belleza la llevas dentro de ti, cuando sabes mirar a los ojos a quien sufre o a quien se siente invisible entre las luces de la ciudad», les ha dicho. Pero esto requiere «por un lado estar abiertos a crecer y, por lo tanto, a cambiar, por otro exige fidelidad, constancia y disposición al sacrificio en la vida cotidiana», y por otro, «oración, momentos de silencio y de escucha, para acallar el frenesí del hacer y del decir, de los mensajes, los reels y los chats, y para profundizar y saborear la belleza de estar juntos de verdad y de manera concreta». Ha sido el primer viaje del Papa a un país de tradición católica, pues en noviembre viajó a Turquía y al Líbano . A diferencia de aquella visita, la agenda de Mónaco ha incluido especialmente ceremonias religiosas, y el contenido de los discursos ha sido marcadamente espiritual. El Papa ha hablado en francés en todas sus intervenciones, ha recorrido muchos tramos en papamóvil, se ha detenido a estrechar muchas manos y ha bendecido a muchos bebés. Un primer ensayo general de lo que encontrará en España durante su visita del 6 al 12 de junio. Antes, del 13 al 23 de abril, visitará Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial, un viaje más heterogéneo que subrayará el papel de los católicos en zonas de misión.