Para su quinta (y ahora penúltima) temporada, For All Mankind ha decidido dejar atrás la nostalgia. De modo que, en lugar de seguir reconstruyendo una línea alternativa de tiempo en que la carrera por el espacio jamás se detuvo, toma una decisión drástica. Eso, al imaginar qué ocurrió una vez cumplidas las grandes metas de la humanidad. Por lo que explora una normalidad que antes parecía impensable. De modo que ahora la reinvención de la carrera espacial es una disección de la vida cotidiana en un entorno imposible. Por lo que la serie de Apple TV, ambientada en 2012 dentro de esta línea alternativa, no intenta deslumbrar con avances tecnológicos. Al contrario, los incluye como parte del subtexto. Están ahí, cumplen su función y nadie se detiene a admirarlos. Marte ya no es una meta, es un destino cumplido y nadie parece sorprenderse en exceso de la hazaña de la humanidad. De modo que Happy Valley, la primera avanzada de la Tierra en el planeta, es una comunidad completamente funcional. Hay comercio, educación, jerarquías políticas y, por supuesto, fricciones sociales. De hecho, uno de los puntos más interesantes de la temporada es que la ciudad interplanetaria parece suburbio caro con problemas de identidad. Un giro que podría definir la nueva etapa de una de las series insignes de Apple TV. Ahora Marte, la luna y la propia carrera espacial son puntos en una línea cronológica que lleva al poder político y cultural. Por lo que no importa tanto el éxito de la empresa como qué puede aportar al país que lo logra. Un matiz que hace a la quinta temporada de For All Mankind más política, relevante e interesante que nunca. Nuevos rostros para una historia fundacional en Apple TVEn medio de este escenario y Marte como frontera, Alex Baldwin (Sean Kaufman) se convierte en figura central. El hijo de Kelly Baldwin (Cynthy Wu) y nieto de Ed Baldwin (Joel Kinnaman) es heredero de una rica historia que moldea su futuro casi de manera inevitable. Lo que es más complicado, básicamente lo convierte en descendiente directo de la obsesión humana por el éxito científico. Junto a él se encuentra Lily Dale (Ruby Cruz), hija de Miles Dale (Toby Kebbell), con menos legado que llevar a cuestas, pero aun así, parte del escenario central del relato. Lo interesante es que estos personajes no están deslumbrados por el logro de la conquista espacial. Para ellos, Marte es hogar, con todo lo que eso implica: comodidad, rutina y una ligera sensación de encierro. For All Mankind captura muy bien esa transición emocional. Lo extraordinario se vuelve aburrido más rápido de lo esperado. Y ahí empieza el verdadero conflicto. Por lo que la serie se permite avanzar sin mirar atrás, pero no olvida del todo sus raíces. A través de figuras como Ed Baldwin, la serie mantiene un vínculo con ese impulso inicial que definía las primeras temporadas. Ahora, convertido en un hombre que ha sobrevivido demasiado tiempo a su propia leyenda, Ed sigue siendo impulsivo, testarudo y peligrosamente convencido de que siempre tiene razón. Su edad no lo ha suavizado; lo ha vuelto más terco. Y, curiosamente, más simbólico. En paralelo, Dev Ayesa (Edi Gathegi) continúa siendo una fuerza que mezcla ambición con ego sin disimulo. Su presencia en Happy Valley no es solo empresarial, es ideológica. Representa una visión del progreso donde el avance justifica casi cualquier decisión. Entre él y Ed se construye una tensión interesante: dos formas distintas de entender el futuro, ambas igual de peligrosas si se llevan al extremo.Un conflicto más grande y más complejo para ‘For All Mankind’Mientras tanto, For All Mankind introduce un conflicto más amplio que atraviesa toda la temporada: la lucha entre expansión y estabilidad. Por un lado, existe el deseo de seguir avanzando más allá del sistema solar, de empujar los límites hasta que dejen de existir. Por otro, aparece la necesidad de consolidar lo que ya se ha construido, de evitar que el crecimiento descontrolado termine colapsando todo. Esta dualidad no se narra como un dilema abstracto, sino como algo que afecta directamente la vida de los personajes.Y en medio de todo esto, la vida en el planeta Tierra parece cristalizada y detenida en el tiempo. Una idea que, además, se acentúa por el salto temporal que la serie da en su nueva temporada. Nueve años han pasado desde aquel movimiento cuestionable que desvió el asteroide rico en iridio hacia Marte. Por lo que las consecuencias ya no son teóricas: son visibles, palpables y, en muchos casos, incómodas. Lo que antes era una apuesta arriesgada ya no es un cálculo político, sino que sostiene toda una economía. Así que Marte dejó de ser una inversión incierta para convertirse en un centro productivo que alimenta ambiciones tanto dentro como fuera del planeta. La colonia creció, se organizó y, como era inevitable, comenzó a replicar las dinámicas que supuestamente quería dejar atrás. Hay tiendas, restaurantes, marcas reconocibles. Sí, incluso versiones marcianas de cadenas comerciales que uno pensaría exclusivas de la Tierra. El progreso, al parecer, siempre viene con franquicias incluidas, una idea curiosa que For All Mankind maneja con elegancia y habilidad. Temas delicados que tocar para una historia siempre original.En tanto todo lo anterior ocurre, el sistema que sostiene esta sociedad comienza a mostrar grietas. La autonomía de Marte sigue siendo una cuestión delicada, especialmente cuando los intereses terrestres empiezan a pesar más de lo que deberían. La inversión económica trae consigo control, y el control rara vez llega en silencio o sin consecuencias más graves y complicadas. Desde la Tierra, crece un sentimiento anti-Marte que cuestiona la utilidad de seguir destinando recursos a una colonia que muchos perciben como lejana, costosa y, sobre todo, ajena. Es un conflicto que resuena porque no necesita cohetes para ser entendible: es política básica, solo que con mejores vistas.For All Mankind logra algo curioso para su nueva temporada. No convierte el conflicto en espectáculo inmediato. Lo deja crecer, lo cocina a fuego lento. Y cuando finalmente se siente la tensión de todo lo que ha planteado hasta entonces, no estalla de golpe. Se filtra en conversaciones y en decisiones pequeñas, pero que al final, en su conjunto, tienen consecuencias de impacto. Por lo que el cierre de temporada lo hace sin ofrecer respuestas fáciles. En lugar de cerrar puertas, abre nuevas, ahora, obviamente con la conclusión de la serie como objetivo. Uno donde la expansión más allá del cinturón de asteroides deja de ser una idea lejana para convertirse en el siguiente paso lógico.Seguir leyendo: 3 razones para ver la nueva temporada de ‘For All Mankind’