Un accidentado Domingo de Ramos hace que salten las costuras de la nueva configuración

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Nació nervioso el reloj en la ciudad de los cielos tangibles. Se impacientaron las manecillas, madrugaron los segunderos, recortó el sueño al cansancio para llegar antes al Domingo de los domingos. Los sevillanos adelantaron la hora para anunciar que era la hora. En realidad, lo hizo todo el mundo, pero ya saben, en días como el de ayer el mundo solo es un lugar que existe para que habite Sevilla, un enorme accesorio que soporta el peso de la gloria para que se haga mañana en este paraíso terrenal y sureño. Tras la tradicional misa de Palmas , se pavoneaba el sol cumpliendo con los augurios de la plenitud. El cielo era un mar tranquilo, azul y dorado, salpicado por... Ver Más