Era un domingo 29 y solo Dios quiso que hubiese un lunes 30 para Cristian Pérez. «¡Le ha partido el cuello!». Era la voz del tendido, con el aliento de la parca en la nuca. Era 29-M, faltaban 277 días para acabar el año, el año en el que volvía a nacer. Era su confirmación y venía a cambiar su moneda, aunque sabía que las palabras de nada servían. Que lo de «jugarse la vida» había que hacerlo. Así de crudo. Y así lo hizo, sílaba a sílaba, letra a letra. «Todo lo que diga no vale para nada. Lo que vale es lo que haga en los diez minutos que tenga delante del animal». Y se entregó como si... Ver Más