El hambre los traía. Cientos de campesinos se estaban congregando en los llanos de Caulina, a unos kilómetros al norte de la ciudad de Jerez de la Frontera. Habían abandonado sus cortijos de la campiña jerezana y lebrijana para dirigirse hacia aquella explanada, aunque también los había de la sierra: Ubrique, Benaocaz, Grazalema… Declinaba el sol sobre las vides. En