Rosi (50) vive feliz y tranquila desde que decidió pasar de los hombres. «Llevo cinco años sin echar un polvo», comentó tras cruzar las puertas de 'First Dates', donde llegaba emocionada ante la perspectiva de conocer a alguien especial. «He venido porque todos los que me han entrado por ahí, energéticamente eran trogloditas. Solo les faltaba decir 'arriba, España'», aseguró la camarera de Lopera (Jaén) al equipo del 'dating show'. Pese a las malas experiencias con los hombres se describe como pansexual y no por ello no le importaba el género de la persona que conocería esa noche. Sus únicos requisitos, que fuese «de mente abierta, alegre y educada». No en vano, había consultado previamente su oráculo para todo, el tarot. Y las cartas le anunciaron que la cita se iba a extender en el tiempo. «Todo mi ser me dice que me voy a ir feliz», vaticinó, visiblemente emocionada. La candidata elegida por 'First Dates' para ocupar el corazón de Rosi fue Macarena (47), una empresaria y DJ de Málaga que ansiaba conocer a alguien especial… Aunque no se esperaba que tanto. «Me ha sorprendido que mi pareja sea una chica. Tenía en mente que tenía que estar con un chico», reconoció en privado. Por su parte, la jienense se mostró encantada con lo que percibió a primera vista, «lo que he sentido en ese segundo y medio me ha gustado mucho», como persona muy intuitiva. Entusiasmo que le transmitió a Macarena llamándola «una tentación». Entre un recibimiento tan efusivo como inesperado y que Rosi quisiera sacar una carta del tarot para analizarle la energía, la malagueña se abrumó un poco al principio, si bien se tomó el carácter arrollador de su compañera de velada con buen humor. Además, a la camarera solo le hizo falta que su cita le regalara un detalle traído de Egipto para que todos los sentidos se le pusieran a trabajar y se le encendieran todas las alarmas. No cabía en sí de gozo ni la sonrisa en la cara. Y es que, según confesó entre risas ante el equipo capitaneado por Carlos Sobera, hacía mucho que «este cuerpecito no se mojaba». La sorpresa al encontrarse había sido doble y compartida. Y al conocerse más resultó que ya fuese cosa del azar o del destino, el día que reservaron mesa en el restaurante Rosi y Macarena se estaban haciendo un regalo enorme sin saberlo de lo bien que acabaron congeniando. Eran dos almas muy afines y complementarias. «Esto no puede ser casualidad… Es brutal», comentó la jienense al final de la velada. De hecho, no tuvieron suficiente con acordar una segunda cita: salieron del restaurante con la ilusión de compartir muchos más planes juntas.