Así vive hoy Conrad Murray, el doctor condenado por la muerte de Michael Jackson

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Hubo un momento en el que el nombre de Conrad Murray ocupaba titulares en todo el mundo. Hoy, quince años después de ser condenado por su implicación en la muerte de Michael Jackson , su vida transcurre lejos del foco… y también lejos de Estados Unidos. El médico, que fue parte del círculo más íntimo del artista en sus últimos meses de vida, reside actualmente en Trinidad y Tobago, donde ha intentado reconstruir su carrera tras perder sus licencias para ejercer en suelo estadounidense. Un giro radical para quien llegó a cobrar 150.000 dólares mensuales como médico personal del «rey del pop» y cuya historia quedó marcada para siempre por uno de los episodios más impactantes de la industria musical. Lejos de Hollywood, de Los Ángeles y del ruido mediático, Murray ha encontrado en su país de origen una oportunidad —o al menos un intento— de empezar de nuevo. En mayo de 2023 inauguró el DCM Medical Institute en El Socorro, una localidad de Trinidad y Tobago. Según recogen medios locales, el centro nace con una doble vocación: atención sanitaria y formación médica. El proyecto llega después de años tratando de reengancharse a la profesión sin éxito en distintos países. Un camino lleno de obstáculos legales que han condicionado cada uno de sus movimientos desde que salió de prisión. Para entender su presente, es imposible no volver a 2009. El 25 de junio de ese año, Michael Jackson fallecía en Los Ángeles tras una intoxicación aguda por propofol, un potente anestésico. Murray, que ejercía como su médico personal durante los preparativos de la gira This Is It, fue señalado como responsable de haber administrado el fármaco sin las condiciones médicas adecuadas. El juicio fue mediático, seguido en todo el mundo, y terminó en noviembre de 2011 con un veredicto claro: culpable de homicidio involuntario. La fiscalía defendió que actuó con negligencia; la defensa sostuvo que el cantante pudo haberse administrado una dosis adicional. La condena fue de cuatro años de prisión, aunque finalmente cumplió cerca de dos. En 2013 recuperó la libertad gracias a la reducción de pena por buen comportamiento. Pero salir de prisión no significó recuperar su vida anterior. Todo lo contrario. Sus licencias médicas fueron suspendidas o revocadas en California, Nevada y Texas, cerrándole la puerta al ejercicio profesional en Estados Unidos. Aun así, intentó mantenerse activo. En 2016 llegó a asegurar que ofrecía consultas sin cobrar en Florida, ajustándose a los márgenes legales disponibles. Era, en cierto modo, una forma de no desconectarse del todo de la medicina. Antes de instalarse definitivamente en Trinidad y Tobago, Murray pasó un tiempo en Florida. Después regresó a su país natal, donde tampoco lo tuvo fácil. En 2018 inició acciones legales contra el Consejo Médico local tras no poder formalizar su registro para ejercer. Un nuevo revés en una trayectoria ya condicionada por su pasado. Durante ese periodo trabajó en el ámbito privado, en un centro de cuidados en Chaguanas, hasta que decidió impulsar su propio proyecto. Según declaraciones recogidas por la prensa del Caribe, la decisión llegó tras no lograr encajar en otras estructuras médicas. Hoy, Conrad Murray vive alejado del foco mediático, con un perfil mucho más bajo que en el pasado. Su vida ya no está ligada a estrellas internacionales ni a grandes contratos, sino a un intento constante de reconstrucción profesional. Sin embargo, su nombre sigue inevitablemente asociado a Michael Jackson. Un capítulo que no solo marcó su carrera, sino que redefinió por completo su futuro.