La ucraniana Kostyuk se reivindica en Madrid: campeona de su primer WTA 1.000

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Eran Mirra Andreea y Marta Kostyuk el fuego y el hielo, la juventud y la madurez, la alegría y la sobriedad. Una final de contrastes en el Mutua Madrid Open que se inclina sin paliativos hacia la ucraniana, que se crece en esta Caja Mágica y eleva su cuenta de triunfos consecutivos a once: de carrerilla: título en Rouen y título en Madrid. Y salto mortal hacia atrás para celebrarlo. No hubo saludo inicial. Por principios de Kostyuk y respeto de Andreeva. No hubo saludo final, por los coletazos de esa guerra que la ucraniana quiere sacar del olvido cada vez que sale a la pista. «La única persona a la que le doy la mano es a Daria Kasatkina, porque no solo cambió su pasaporte, sino que también dijo abiertamente que no apoya la guerra. Ha habido varios jugadores que han cambiado de nacionalidad, pero ninguno de ellos jamás se ha manifestado en contra de la guerra ni ha mostrado apoyo a los ucranianos», decía en la previa. Entre medias, una final sin medias tintas que se llevó Kostyuk en un alarde de crecimiento mental y tenístico que superó por completo la garra juvenil de Andreeva. Hay poco juego y menos ritmo en el primer set. Ambas se juegan los restos y hay más fallos que aciertos. Pero en los pocos intercambios, es la derecha de la ucraniana la que comienza a despuntar. Firma un ganador aquí, otro allá, descentra a Andreeva y le provoca un temblor en las piernas que le impide llegar a los latigazos, y también en las manos, con las que no puede agarrarse a su saque en el cuarto juego. Templada y ordenada, Kostyuk confesaba estos días que el tenis era todo por lo que vivía, por lo que cada victoria, cada derrota, cada partido, era cuestión de vida o muerte. La agotó. Física y mentalmente. «Siempre he querido cambiar mi perspectiva general sobre el tenis. Gastaba muchísima energía, porque todo me importaba muchísimo. Era muy difícil vivir en ese bombardeo emocional constante», aceptaba. Pero en Madrid ha sabido salir de ese boicoteo constante, de ese desgaste que malograba sus resultados. El proceso comenzó en 2023, cuando fichó a Sandra Zaniewska como su entrenadora. Y la progresión en cuanto a estabilidad ha sido constante. Hasta que en este 2026, ha descubierto que está para ganar todo lo que se proponga, como ese torneo en Rouen de hace dos semanas que impulsó su confianza. «La terapia me ayudó mucho. No es un camino fácil, pero siempre supe cómo quería estar en la pista, y cómo no quería estar. Llegué a la final en San Diego, y me sentía destrozada por dentro. Llegué a la final, pero no quiero ganar de esta manera. Para mí, ganar a toda costa, sin importar las circunstancias, no es una opción. Y funcionó, porque te vuelves más constante, no te involucras emocionalmente. Ganes o pierdas, sigues trabajando y mejorando como persona y como jugadora, y eso es todo». En ese «eso es todo» tiene la ucraniana todo a favor, con ese primer set cómodo que la lleva a mejorar su nivel en el segundo. Ante una Andreeva que se atreve más, pero no le es suficiente. Porque no es nada fácil tampoco para la rusa, que también sufrió mucho en su camino hacia las alturas. Despuntó con apenas 15 años y las expectativas se hicieron cada vez mayores. Ella las fue alcanzando, aunque después de ganar consecutivamente los WTA 1.000 de Indian Wells y Dubái en 2025, llegó cierto vértigo. «No es fácil. Cuando tienes mucha confianza, en ciertos momentos no sientes tanta presión y simplemente juegas tu juego, juegas agresiva durante todo el partido. Es lo que pasó cuando gané el año pasado. Y después sí que noté la presión, las expectativas. Y ya no tienes tanta confianza en tu juego. Se necesita tiempo para volver a sentir esa confianza y para volver a sentirte seguro de ti mismo y de tu juego», hablaba la rusa, 19 años recién cumplidos pero con una experiencia descomunal. La misma que ofrece en el segundo set, limpia la mente de esos errores con los que pierde el primer capítulo y afrontando con más entereza y juego los que llegan. La final empieza a subir de grados, se levanta cierto viento, se anima con puños al aire la rusa; cierra mandíbula y errores la ucraniana. Aguanta Andreeva sus turnos de saque y empieza a acribillar a Kostyuk. Eficacia y eficiencia tanto de derecha como de revés, aplausos de Conchita Martínez para sacar la garra de su pupila, y hasta dos bolas de set con 5-4 que la ucraniana defiende con dos saques directos. Tan convencida Kostyuk, que apaga el fuego de la rusa con una subida de templanza y calma que alarga después con la derecha. Profunda, hiriente, que tumba la confianza de Andreeva y eleva la suya. Respira Kostyuk para permitirse el 'break' en el undécimo juego. Ha tenido seis opciones, y ha defendido cuatro, así de fuerte se muestra en su primera final en la Caja Mágica. Como para resbalar por la tierra madrileña por una carrera demasiado precipitada y aun así lograr el punto que le ofrece tres opciones de partido. Andreeva lucha los dos primeros, pero al tercero, el revés se va largo, y Kostyuk se revuelve sobre esa tierra que acaba de conquistar. El primer WTA 1.000 de su carrera, será 15 el lunes. Y no, no hay saludo a Andreeva, que encierra la tensión bajo la toalla, deshecha en lágrimas. Y sí hay manos a la cabeza y saludo al juez de silla, y un mortal hacia atrás que despierta la ovación del público. Quizá Kostyuk empieza aquí una tradición. Con la misma templanza y un gran trofeo en casa.