La divina locura de Meazza que nadie olvida

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Máxima expectación. Era 1938 y se disputaba una de las semifinales del Mundial de Francia. El escenario, el estadio Velódromo de Marsella con 35 mil espectadores al filo de la butaca y no era para menos. El partido entre Italia y Brasil estaba 1-0 a favor los europeos en el minuto 60. De repente, pena máxima a favor de los representantes del país con forma de bota… El encargado de cobrar sería el gran Giuseppe Meazza, el capitán y estrella de la representación Azzurra.TE PUEDE INTERESAR: Corea-Japón 2002: El primer Mundial en dos sedes, el Hexa de Brasil y el ‘dous a cerou’ de EU a MéxicoEl atacante tomó la pelota, muy concentrado. La mirada fija en el arco, tomó vuelo, pero de repente el destino le puso en una disyuntiva. ¡El elástico de sus pantalones cortos se rompió!Los shorts cayeron hasta los tobillos y el jugador quedó en paños menores. En lugar de detenerse se tomó los pantalones con la mano derecha, corrió con decisión a la pelota y la metió al fondo de las redes con una seguridad pasmosa, con una frialdad legendaria.Ese momento bizarro, mitad ridículo y mitad genial, sentenció a Brasil y pasó directo al imaginario del fútbol mundial.ARROGANCIA CARIOCAPero esa no es solo una curiosidad de pantalón corto. Es la punta de un iceberg que incluye la arrogancia brasileña, un avión reservado de más, el nacimiento del catenaccio italiano y la historia de un chico pobre de Milán que se convirtió en bicampeón del mundo. Vayamos por partes.Los brasileños llegaron a Francia con mucha confianza. Habían jugado dos partidos brutales contra Checoslovaquia, pero venían de golear a Polonia 6-5 en un partidazo inolvidable. Leónidas da Silva, el Diamante Negro, era la estrella absoluta y terminaría como máximo goleador del torneo con siete tantos.Tan seguros estaban de llegar a la final que reservaron el único avión disponible que volaba de Marsella a París para el partido decisivo.Los italianos, en cambio, habían llegado en tren y no tenían plan B. El presidente de la Federación Italiana, Giorgio Vaccaro, mandó al técnico Vittorio Pozzo a la concentración brasileña en La Ciotat para pedir, por si acaso, que les vendieran los boletos si Brasil perdía.La respuesta fue tajante. El intérprete argentino-brasileño Carlos Volante le dijo a Pozzo: “Lo sentimos, pero a París iremos nosotros”.Pozzo, herido en su amor propio, utilizó esa frase para motivar a sus jugadores. “¿Lo tienen tan claro?”, les preguntó. La historia demostró que en el fútbol nada es tan claro.ABUELITO DEL CATENACCIOPozzo, el Vecchio Maestro, era un visionario. Pidió a sus extremos (Colaussi y Biavati) que bajaran a ayudar en defensa y luego subieran rapidísimo por las bandas.El ex portero Giampiero Combi, que ahora era observador, había analizado a Brasil y sentenció: “Los brasileños no tienen ningún sentido táctico. Dejemos que lleguen a puerta y los batiremos al contragolpe”.Así nació, en esa semifinal, una versión primitiva del famoso catenaccio italiano que gravita en una defensa sólida, espera paciente y zarpazo mortal en velocidad. Poco espectacular, pero muy efectivo.La táctica funcionó de maravilla. Italia dejó que Brasil se confiara con su juego alegre y, en dos contras, liquidó el partido. Primero anotó Gino Colaussi.Luego vino el penal de Meazza, el más elegante y ridículo de la historia. Todo comenzó cuando Domingos da Guía cometió falta sobre Silvio Piola dentro del área. Meazza, de 28 años, elegante, joven y con carisma, colocó la pelota en el punto penal. Tomó impulso… y se le bajaron los pantalones.Las crónicas de la época coinciden en que se los sujetó con la mano derecha, pateó de esa manera tan peculiar y venció al portero Walter.Brasil descontó tarde con Romeu, pero el 2-1 ya era definitivo. Meazza siempre contó que tiró el penal “agarrándome el pantalón con una mano”. Sus compañeros juraban que le vieron los calzoncillos.No hay video ni foto clara que lo confirme al 100%, por lo que esta anécdota pasa a formar parte de la leyenda.NO ERA LA PRIMERALo que sí es verdad es que a Peppino, como se le conocía al icónico jugador, se le caían los pantalones con frecuencia. Tanto, que en 1939 el cantante Gilberto Mazzi le dedicó una canción irónica.Eduardo Galeano, el gran escritor uruguayo, lo describió así: “Meazza, sin detenerse, atrapó el pantalón de un manotazo y venció al arquero desarmado por la risa”.Ese gol lanzó a Italia a la final en la que venció 4-2 a Hungría y se coronó bicampeona del mundo.ORIGEN HUMILDEGiuseppe Meazza nació el 23 de agosto de 1910 en Porta Vittoria, uno de los barrios más humildes de Milán. Su padre murió en la Primera Guerra Mundial cuando él tenía solo 7 años.Creció ayudando a su mamá a vender frutas en el mercado. Jugaba descalzo, con una pelota hecha de trapos.A los 14 años probó fortuna en el Milan, pero lo rechazaron por ser demasiado flaco. Se fue al Inter… y terminó siendo ídolo de ambos clubes.En la Selección era una joya: elegante, técnico, con pies “flexibles y sabios como manos”, señalaba la prensa de la época.Vittorio Pozzo decía que su presencia era como empezar “todos los partidos arriba 1-0”.El arquero Aldo Olivieri lo definía como “tener un equipo de doce hombres”.Fue clave en el título de 1934 y capitán en 1938. Marcó 33 goles en 53 partidos con Italia.Cuando murió en 1979, su nombre quedó inmortalizado en el estadio de San Siro, que hoy se llama Giuseppe Meazza.COMO EN BOTICAAquella semifinal de 1938 tiene de todo: arrogancia que se paga caro, innovación táctica, suerte italiana y una anécdota inolvidable. Meazza no solo eliminó a Brasil; lo hizo con estilo, humor y sin soltar el pantalón.Hoy, cuando vemos penales tensos en un Mundial, vale la pena recordar a ese italiano de 28 años que convirtió el gol más peculiar de la historia. Porque el fútbol no siempre es perfecto. A veces es simplemente inolvidable, aunque los pantalones se caigan en el momento menos oportuno.Si eso pasara hoy, el momento se viralizaría en segundos, pero en aquel lejano 1938, solo quedó en la memoria colectiva y en las crónicas amarillentas que se resguardan en las hemerotecas.Fotos: Cortesía FIFAThe post La divina locura de Meazza que nadie olvida first appeared on Ovaciones.