En muchos divorcios hay un momento que dispara todas las alarmas: cuando una de las partes pone sobre la mesa una exigencia que parece excesiva, injusta o directamente imposible de aceptar. Es entonces cuando aparece el miedo. Si lo está pidiendo, será porque puede conseguirlo, piensan muchas personas. Pero, según Laura Lobo, abogada de familia y herencias, esa conclusión suele ser un error bastante común.Seguir leyendo....