Un estudio británico detectó más de 100 genes de resistencia antimicrobiana adheridos a plásticos comunes. Especialmente en poliestireno y nurdles, donde se forman biofilms que protegen patógenos desde el momento en que entran en contacto con aguas residuales. El trabajo revela que estas partículas viajan intactas desde depuradoras hasta zonas costeras, actuando como un vector biológico inesperado.