Hace apenas unos días, Mirra Andreeva sacaba la frustración a gritos con su palco: «No soy una campeona, soy una perdedora». Agitada, se echaba las culpas de un mal set ante Anna Bondar en octavos y no aceptaba ni ánimos ni consejos. Tanta rabia acumulada después de ver cómo le remontaban con un 5-1, que se le escaparon las lágrimas en cuanto logró el punto definitivo. Pero han pasado cuatro días, y ha cumplido los 19 años, y la rusa se regala una final como prueba de su madurez. La primera en Madrid, tras batir a Hailey Baptiste (6-4 y 7-6 (8)), y la tercera de un WTA 1.000 de su carrera. La rusa, que sopló el 29 de abril las 19 velas, alcanza este último día en la Caja Mágica después de un partidazo de garra y contención. Agresiva y certera, desató los errores de la estadounidense, que ya había hecho el papel de su vida desbancando a Aryna Sabalenka, tres veces campeona en Madrid, el pasado martes. En una hora y 39 minutos, la pupila de Conchita Martínez contuvo la potencia de la sorpresa del torneo, que llegó a levantar dos puntos de partido en el 'tie break' del segundo set, y hasta contó con tres opciones de alargar la semifinal a un tercer capítulo. Pero hubo entereza en esa finalización de partido en la rusa, recién estrenados los 19 años, y frenó cualquier otro atisbo de dudas en su victoria. Una muy importante porque la lleva a la tercera final de un WTA 1.000, que ya ha ganado los de Indian Wells y Dubái, y que la convierte en la primera adolescente en conseguirlo desde que se introdujo esta denominación en 2009. Quiere su sexto título de su carrera, y el tercero en este 2026, después de levantar los trofeos de Linz y Adelaida.