La economía española cerró 2025 con un ritmo de crecimiento sólido, aunque algo más moderado que el año anterior. El PIB avanzó un 2,8% y alcanzó los 1,68 billones de euros, una cifra que mantiene a España por encima de la media europea. Sobre el papel, el país avanza. Pero esa fotografía macroeconómica contrasta con la sensación de muchos ciudadanos, que no terminan de ver reflejado ese crecimiento en su día a día. El economista Pablo Gil señala que los discursos sobre este buen momento económico que atraviesa España suenan cada vez más lejanos para gran parte de la sociedad. «España no hace más que sacar pecho de que el PIB va mejor que casi ningún país de Europa, e incluso mejor que Estados Unidos», recuerda. Sin embargo, matiza, «para mucha gente es como ver un ascensor que sube, pero no se han subido en él. Es como decir: 'Sí, esto sube, pero yo no lo noto'». Para explicar la situación de forma clara, el experto compara el PIB con una tarta: «El PIB es la tarta, el tamaño de la tarta. A ti lo que te importa es qué pedazo te dan». Ese pedazo, explica, es la renta per cápita, la parte real que llega a cada ciudadano. Entonces, las personas pueden pensar: «Si la tarta ha crecido, me toca más». Algo erróneo, según el experto. «No necesariamente la tarta ha crecido porque más gente ha contribuido a que la tarta crezca», aclara. Como ejemplo pone la inmigración: «A la hora de repartir no puedes dejar al inmigrante fuera. También participa. ¿Sabes que mi pedazo es el mismo de antes? Claro, por eso no lo notas en el bolsillo», desarrolla. Desde su punto de vista, «ahí llega el primer punto de la frustración». La segunda frustración, añade, es la desigualdad para protegerse frente a la inflación. «Si tú estás invirtiendo y te va bien en inmuebles o en bolsa, lo que ganas te cubre de sobra», explica. El problema, lamenta, es que esa no es la realidad de la mayoría: «Hay mucha gente que ni siquiera tiene una primera casa». Y para ellos, la ecuación es muy distinta: «Yo no me beneficio de lo que sube la bolsa ni los inmuebles, pero tengo que pagar la cesta de la compra y el alquiler. A mí me las pegan todas». Por este motivo, muchos ciudadanos sienten que viven en un país que presume de crecimiento mientras ellos retroceden: «España va muy bien, pero para mí va fatal. Cada vez soy más pobre y cada vez me cuesta más llegar a fin de mes». Gil pone números a esa sensación. Entre 2020 y 2026, los salarios han subido de media un 10%, pero la inflación acumulada ronda el 25%. «Has perdido un 15% de capacidad adquisitiva», resume. Además, según sus cálculos, los precios que más han aumentado son los de los productos cotidianos: «Los alimentos han subido un 36%, la gasolina un 35% y la vivienda un 30%». Tres pilares de los que ningún hogar puede prescindir. Y lo peor, advierte, son las previsiones: «Probablemente va a ir a más». A este escenario se suma la presión fiscal. El economista critica que no se haya ajustado el sistema impositivo a la inflación, lo que en la práctica implica pagar más sin ganar más en términos reales: «Te están apretando por todos lados». El resultado, denuncia, es una sensación generalizada de estancamiento, cuando no de retroceso: «Cada vez tienes menos capacidad adquisitiva».