La irrupción de Fernando Villalón en la vida literaria española de los años veinte estuvo marcada por la sorpresa. Sorpresa de que aquel hombre de modales toscos, más acostumbrado a los soles marismeños que a los cenáculos urbanos, llevara en su persona la vocación por la palabra poética. Sorpresa aún mayor de que más allá de sus romances de aire neopularista, terciase también con su Toriada en la apuesta progongorina del momento. Pero a pesar de su aparición en edad tardía, asumió con interés creciente su papel de escritor novel implicado en los ambientes literarios de la época: trato con las revistas para publicar sus textos, ruptura con alguna de ellas y adscripción a otras nuevas, epistolario confidencial sobre sus... Ver Más