La sorprendente historia del zapatero enterrador de la Resolana acusado por su amante de haber asesinado a sus hijos

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Hizo correr ríos de tinta en los periódicos de la época excitando la morbosa curiosidad de los lectores con detalles escabrosísimos que disparaban la imaginación popular. ABC se ocupó del caso del zapatero enterrador de Sevilla, como llegó a ser conocido por la audiencia, entre marzo y abril de 1908 hasta que finalmente languideció en pleno verano. La primera noticia se publicó en el periódico del día 19 de marzo relatando la historia de Félix Molina , un zapatero remendón que había recalado en la Resolana siete años atrás cuando dejó Morón , señalado entonces como anarquista, lo que él negaba. La que había sido su pareja durante veinticinco años, Francisca Herrera, le acusaba de haber enterrado a 22 de los 26 hijos en común. «En enero tuvo un serio disgusto con la mujer, hasta el punto de desesperarse y estar a dos dedos de perderse porque supo que le era infiel con su consuegro , apodado 'Esparavanes'», reseñaba el corresponsal tras haberlo entrevistado. A la semana siguiente, el cable telegráfico daba cuenta del procesamiento de ambos, acusados de infanticidio. El juzgado se había personado en el domicilio de la pareja con unos albañiles municipales para excavar en la casa, pero sin fruto alguno porque los vecinos explicaron que tres años antes habían aparecido unos huesos en el subsuelo «atribuyéndose el hallazgo a que dicha casa perteneció a un antiguo convento». El juzgado se trasladó entonces al número 20 de la Resolana, otra de las casas en que había residido la pareja, pero no se excavó «por las condiciones de la finca». El fiscal de la Audiencia, señor Oppel, entró en la causa contra «el zapatero enterrador de sus hijos» para un reconocimiento de las casas donde «habitó el matrimonio procesado en los populares barrios de la Macarena y Triana». El juez, por su parte, tomó declaración a la matrona que había asistido a la mujer en sus partos, que «dijo que no hubo nada de anormal en los alumbramientos de la mujer». No había prácticamente día que no se avanzaran las investigaciones en el periódico. El sábado 4 de abril se informaba del hallazgo de «unas tibias, un cráneo y varias costillas , pertenecientes a niños de corta edad» junto a un pozo y un ángulo de la habitación en el corral de Resolana, 20. El día 8 se daban más detalles: «El juez ha estado hoy en la cárcel para ampliar declaración al zapatero y a su antigua amante. El ha insistido en que sólo ha tenido ocho hijos de los que cuatro viven y los otros cuatro han muerto». En el último párrafo asomaba la aguja que iba a desinflar el globo de la noticia: «Empiézase a sospechar que en el fondo de todo este asunto no hay más que una venganza personal ». La última referencia al «zapatero enterrador» de Sevilla es del día 21 de agosto de 1908. Decía así la escueta reseña con que se daba por liquidado el caso: «Hoy ha ingresado en el asilo de los Capuchinos el zapatero que enterraba a sus hijos en unión de su amante. Hállase falto de recursos y se cree que se le libertará por sobreseimiento de la causa . Sólo se le perseguirá por usurpación de estado civil». Fin de la historia.