El 80 cumpleaños de Carlos Gustavo de Suecia deja una imagen histórica de la realeza

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Suecia se ha engalanado esta semana para celebrar el 80 cumpleaños de su Rey, Carlos Gustavo XVI , siendo el suyo el reinado más largo de la monarquía sueca hasta la fecha. Nacido el 30 de abril de 1946, cuando el joven príncipe todavía no había cumplido un año falleció su padre, el Príncipe Gustaf Adolf, en un accidente de aviación. Una tragedia que cambió el curso de la historia proclamando al nuevo Rey en septiembre de 1973, a la temprana edad de 27 años. Los festejos de su aniversario comenzaron a primera hora del pasado jueves con un misa de acción de gracias o Te Deum celebrado en la capilla del Palacio Real y oficiado por el obispo sueco, Johan Dalman. En su discurso, el predicador destacó que durante estos años Carlos Gustavo había asumido su tarea real «de una manera muy personal, incansable, positiva, esperanzadora, audaz, curiosa, generosa, humilde y, en el mejor sentido, eternamente joven». Tras el servicio religioso, la Familia Real sueca presidió el cambio de guardia militar -acompañados por una gran multitud de personas que se habían congregado-, el saludo a las Fuerzas Armadas y un almuerzo en el Ayuntamiento de Estocolmo. Aunque la gran fiesta llegó con el banquete ofrecido por el monarca en el Palacio Real de Estocolmo al que asistieron miembros de la realeza y gobernantes de todo el mundo . La celebración de este año fue, sin embargo, más discreta que en años anteriores. El 70 cumpleaños del Rey en 2016 contó con una semana completa de eventos y atrajo a más de 30 miembros de la realeza extranjera, con representantes de siete de las nueve monarquías europeas. Este 80 cumpleaños, en cambio, ha sido una celebración de solo dos días. Los fastos concluyeron con una cena de gala con jefes de Estado y miembros de familias reales extranjeras como invitados. El Rey Carlos Gustavo del brazo de su mujer, la Reina Silvia , encabezó la comitiva hacia el histórico Salón del Estado, también conocido como Rikssalen. Tras ellos, sus tres hijos: la Princesa heredera Victoria acompañada por su marido, el Príncipe Daniel, y su hija mayor, la Princesa Estela; el Príncipe Carlos Felipe y su mujer, la Princesa Sofía; y la Princesa Magdalena con su esposo Christopher O'Neill. A continuación, el resto de miembros de las familias reales europeas presentes: el Rey Federico, la Reina María y la Reina Margarita de Dinamarca; el Rey Felipe y la Reina Matilde de Bélgica; el Rey Harald, la Reina Sonia y el Príncipe heredero Haakon de Noruega ; el Gran Duque Guillermo, la Gran Duquesa Estefanía y el Gran Duque Enrique de Luxemburgo; la Princesa heredera Sofía de Liechtenstein; la Princesa Beatriz de los Países Bajos; el Rey Rama X y la Reina Suthida de Tailandia y como representante de la Monarquía española, la Reina Sofía . «Muchos de ustedes han viajado desde muy lejos para celebrar mi cumpleaños, y por ello les estamos profundamente agradecidos», comenzó diciendo el Rey durante su discurso. «Cumplir ochenta años invita a la reflexión y quizás también a cierta sorpresa por lo rápido que pasa el tiempo. Como dice el refrán: 'El tiempo vuela cuando uno se divierte', y en esta maravillosa compañía tengo la sensación de que la noche se me pasará volando», concluyó. Tras él, su esposa quiso dedicarle unas emotivas palabras: «Estoy profundamente agradecida por la vida que compartimos y por todos los años que hemos pasado juntos construyendo algo significativo y duradero. Es una verdadera alegría ver nuestro amor reflejado en nuestros maravillosos hijos y sus familias, quienes enriquecen nuestras vidas de tantas maneras», también su hija Victoria alzó su copa para homenajear a su padre: «Como rey, ha dedicado su vida a servir a su país. Como padre, nos ha dado a mis hermanos y a mí el regalo de comprender lo que significa ese servicio: una gran responsabilidad, pero también una alegría y un honor». Una velada marcada por la tradición, la escenografía institucional y la elegancia con las mujeres como protagonistas por la elección de sus joyas. Piezas históricas cargadas de significado, donde las tiaras se convirtieron en el eje central del estilismo. Así, la Reina Silvia combinó su vestido rojo de cuello cerrado y manga larga con la imponente tiara Braganza, considerada una de las joyas más valiosas del mundo, junto a unos pendientes de diamantes, un broche floral y un collar rivière de diamantes. A su vez, la Princesa heredera Victoria lució una de sus joyas favoritas: la tiara de diamantes Connaught, acompañada por el conjunto de zafiros Leuchtenberg. Por su parte, la Princesa Magdalena escogió la Tiara de Flecos Moderna, que fue su tiara nupcial en 2013. La Princesa Sofía también optó por su tiara nupcial, una joya de diamantes y esmeraldas con forma de palmeta, encargada especialmente para ella y obsequiada por sus suegros, Carlos Gustavo y Silvia. La Reina María de Dinamarca, conocida por sus innovadores diseños de joyería, transformó la pulsera floral de diamantes de la Reina Luisa en tiara. La Reina Matilde lució muy elegante con la tiara de laurel sobre un sencillo recogido. Una joya adornada con 631 diamantes que recibió como regalo de bodas en 1999. La Gran Duquesa Estefanía de Luxemburgo combinó su vestido en tonos pastel con la diadema de Aguamarinas de Luxemburgo, una pieza de estilo art déco usada con frecuencia por la familia gran ducal. La Reina Suthida eligió la tiara tailandesa de diamantes, una de las más antiguas de la colección real. Como embajadora de la Familia Real española, la Reina Sofía brilló con la elegancia que siempre ha definido su estilo como monarca. Para esta ocasión tan especial, la madre de Felipe VI acudió con un espectacular vestido azul turquesa de su diseñador de confianza, Alejandro de Miguel. Un diseño de manga larga, con drapeado en la zona de la cintura y pedrería bordada en canutillo en los puños y cadera que acompañó con la histórica tiara de Mellerio , conocida como la diadema de 'la Chata', que destaca por un diseño de conchas de diamantes que se curvan hacia adelante formando una especie de ola en movimiento y con perlas que cuelgan en el centro de cada concha, suspendidas en perfecta armonía. Un estilismo perfecto que completó con un impresionante collar de diamantes canary, unos pendientes a juego y la banda de la Orden de los Serafines, la más importante de Suecia. Esta no será la única gran celebración dentro de la Familia Real sueca. Este verano, los reyes celebrarán el 50 aniversario de su boda . Una historia de amor que comenzó con un flechazo durante los Juegos Olímpicos de Múnich (Alemania) de 1972 cuando Gustavo todavía era príncipe. Tres años después de su coronación contrajo matrimonio con Silvia Renate Sommerlath, una azafata intérprete de padre alemán y madre brasileña de 33 años. La boda, a la que asistieron más de 1.200 invitados -y varios millones de escandinavos que fueron testigos de la unión en directo por televisión-, se celebró en junio de 1976 en la catedral de Estocolmo y se convirtió en uno de los acontecimientos más bellos de la historia sueca. A pesar de no haber sido una mujer de sangre azul , Silvia se convirtió en una Soberana modelo y la persona más admirada de toda Suecia. Una Reina que nunca dio un paso en falso ni fue motivo de escándalo. Los historiadores aseguran su carácter y la forma de educar a sus tres hijos ha sido durante años la mejor baza con la que ha contado la Monarquía sueca. Este año, con motivo de las Bodas de Oro de sus monarcas, el pueblo sueco organizará una serie de actos conmemorativos marcados por la solemnidad y el protocolo que darán comienzo el 13 de junio con un solemne Te Deum.