El interminable Real Madrid ya roza la Final Four

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Facundo Campazzo entendió desde el mismo momento en el que se lesionó Edy Tavares que en ausencia del gigante él tenía todavía más responsabilidad. El Real Madrid está al borde de la Final Four de la Euroliga después de ganar al Hapoel en el segundo duelo de la eliminatoria (102-75), y mucho se explica desde el talento de su base. El mérito es mayor porque lo ha hecho con un cambio de personaje, ha pasado de ser el director al ejecutor, el protagonista de la mayor parte de los tiros. El encuentro empezó con un tono distinto al del arranque de esta serie. Itoudis, el técnico del Hapoel, se quejó tras el partido previo de que sus jugadores habían encajado 27 puntos en el primer cuarto, y los suyos entraron en la cancha enseñando los dientes. Arriba y abajo, con Oturu como ariete, el equipo israelí hizo caso a su jefe, pero aquello no duró lo suficiente, porque el antídoto propuesto no funciona contra el Real Madrid. Los de Scariolo no le tienen miedo a la intensidad, su plantilla es larga, con un rosario de jugadores fuertes y altos, muy dispuestos a dar tres o cuatro minutos seguidos a máxima potencia hasta que llegue otro que tome el relevo y siga igual. Esa profundidad del elenco es la gran diferencia con el Hapoel, que puede tener jugadores del nivel más alto, como Micic o Bryant, pero encuentra problemas de aliento ante la rotación infinita del Madrid. La prueba evidente de esa diversidad de opciones está en los bases. Más allá de Campazzo, que está entre los mejores de Europa, Scariolo puede ir cambiando sin perder el resuello. En el primer cuarto salió Maledon, porque el italiano entendió que necesitaba algo de calma y buena letra. Más tarde fue el turno de Feliz, cuando el partido pedía algo más de electricidad. La dirección es sobresaliente y el resto de las piezas funcionan. La duda inevitable está por dentro, porque el referente está en casa curándose la rodilla, pero para paliar ese dolor Scariolo encontró la mejor versión de Garuba. Aunque su techo siempre estará topado por la altura, y Oturu se aprovecha de eso, el pívot español es capaz de dar un recital de intensidad, movimiento y lectura para reducir el drama de su ausencia. A Garuba, los feligreses del palacio se lo agradecieron coreando su nombre. En este pabellón medio vacío, en este ambiente enrarecido, el Madrid ha minimizado las sorpresas y demostrado que es mejor que el Hapoel. Los israelíes necesitan una actuación histórica, y aunque desde luego no ha parecido que eso sea posible, la gracia del baloncesto es que todo puede cambiar de golpe en cada partido de playoff.