La comunidad científica lleva décadas fascinada con la comunicación de los delfines, pero los últimos hallazgos apuntan a un salto cualitativo en nuestra comprensión. Un equipo liderado por la investigadora Laela Sayigh, del Woods Hole Oceanographic Institution, ha detectado un silbido particular —conocido popularmente como WTF whistle— que aparece cuando los delfines se enfrentan a situaciones de confusión o sorpresa. «Estamos empezando a ver que sus vocalizaciones no se limitan a identificarse, sino que cumplen funciones expresivas, comparables a nuestras exclamaciones», explicó Sayigh en declaraciones recogidas por The Times. Los delfines mulares ya eran conocidos por utilizar los llamados signature whistles, una especie de firma acústica equivalente a un nombre propio que cada individuo mantiene estable durante años. Gracias a ellos, madres y crías pueden reconocerse a distancia y los grupos refuerzan su cohesión social. Sin embargo, la aparición de otros más de 20 tipos de silbidos no identificativos sugiere un repertorio mucho más rico, con roles que van desde la alarma hasta la sorpresa. Por este trabajo, Sayigh fue reconocida como finalista del premio Coller-Dolittle de Comunicación Interspecies, otorgado a quienes impulsan el entendimiento entre humanos y otras especies. A la vez, la tecnología de vanguardia ha entrado en escena. Google DeepMind y la Universidad de Georgia, en colaboración con el Wild Dolphin Project, han desarrollado DolphinGemma, un modelo de inteligencia artificial capaz de aprender la estructura de las vocalizaciones de los delfines moteados del Atlántico. Inspirado en los grandes modelos de lenguaje, analiza y genera secuencias sonoras con patrones que recuerdan a un idioma. «Se trata de aplicar el mismo tipo de algoritmos que usamos para traducir idiomas humanos, pero en este caso con los sonidos de los cetáceos», explicaron los responsables del proyecto en el blog oficial de Google. La IA no solo interpreta: también intenta dialogar. A través de la plataforma CHAT (Cetacean Hearing Augmentation Telemetry), se reproducen sonidos sintéticos asociados a objetos como plantas marinas o juguetes. La prueba consiste en ver si los delfines reproducen esos sonidos para pedirlos, lo que podría convertirse en el germen de un vocabulario compartido. Aun así, especialistas como Thea Taylor, del Sussex Dolphin Project, llaman a la cautela: «Podría tratarse simplemente de entrenamiento por imitación. Falta demostrar que existe una comprensión simbólica detrás de esas respuestas». El interés por traducir el idioma animal no es nuevo. En los años sesenta, el investigador Dwight Batteau creó un rudimentario «traductor hombre-delfín» que convertía voces humanas en silbidos afinados. Aunque nunca pasó de simples señales, fue un precedente de lo que hoy se ensaya con IA. También otros programas, como Project CETI, trabajan con cachalotes para descifrar sus complejas codas acústicas. Los avances recientes reabren un debate profundo sobre los límites de la comunicación entre especies. Filósofos y científicos como Terrence Magnasco han advertido que, aunque podamos identificar patrones, los humanos y los delfines perciben el mundo de manera tan distinta que siempre existirá un riesgo de malinterpretación. «No se trata solo de traducir sonidos, sino de comprender una realidad sensorial que no es la nuestra», señaló en The New Yorker. Pese a la cautela, la convergencia de biología marina, lingüística y modelos de inteligencia artificial sugiere que estamos ante una etapa clave en la relación con una de las especies más inteligentes del planeta. Descifrar si los delfines poseen un lenguaje simbólico no solo ampliaría nuestra visión de la naturaleza, sino que plantearía preguntas éticas sobre nuestra convivencia con seres capaces de comunicarse de un modo tan cercano al nuestro.