La Nebulosa Mariposa, situada a 3.400 años luz, revela cristales, hollín y moléculas orgánicas nunca antes vistas en un entorno así. El telescopio Webb y ALMA han desvelado que este insecto cósmico es mucho más que una imagen espectacular: es un laboratorio natural que ayuda a entender cómo nacen planetas como el nuestro.