Esta noticia es una publicación original de Cinemascomics.comHay películas que llegan con pedigrí, estrellas de lujo y una historia que ya funcionó en el pasado. Y, aun así, consiguen tropezar con sus propios tacones de gala. Eso es exactamente lo que pasa con Los Rose, la nueva comedia negra dirigida por Jay Roach que se atreve a reimaginar La guerra de los Rose (1989). ¿Resultado? Una mezcla entre sátira matrimonial, real estate porn y comedia británica que nunca termina de explotar.Pero vayamos por partes, porque si algo merece esta cinta es ser diseccionada con bisturí y una sonrisa torcida.Así arranca la tormentaEl inicio es prometedor. Theo (Benedict Cumberbatch), arquitecto estrella con delirios de grandeza, se enamora de Ivy (Olivia Colman), una chef con talento escondido y mucho carácter. Su historia de amor arranca en Londres, con tanto chisporroteo que casi incendian el congelador de un restaurante. Todo apunta a que tenemos entre manos a una pareja icónica para la gran pantalla.Diez años después, ya instalados en California con dos hijos adolescentes, la realidad hace su entrada triunfal. Theo brilla en su carrera, Ivy se conforma con postres caseros, y la vida conyugal parece estable… hasta que el destino, con la mala leche de una tormenta de verano, derrumba literalmente el futuro del arquitecto. Su obra maestra se desploma, su reputación queda en ruinas y, como por arte de guion, el pequeño restaurante de Ivy se convierte en un fenómeno foodie viral.Y aquí comienza el verdadero espectáculo: un marido herido en su orgullo, una esposa cansada de hacer de segundona, y un matrimonio que se convierte en un campo de batalla con más zascas que abrazos.Lo que hace única a esta versión (y lo que arruina su potencial)La película no es un simple remake calcado. El guionista Tony McNamara (The Favourite, Poor Things) le da un giro interesante al plantear una guerra de egos profesionales. Ya no es solo quién se queda con la casa, sino quién soporta ser eclipsado en el trabajo y en la vida.El problema es que, en lugar de lanzarse al barro con todo el descaro de la original, Los Rose parece tener miedo a mancharse el traje. Jay Roach, conocido por Austin Powers y Los padres de ella, opta por un tono demasiado pulido, casi de comedia romántica con filtro de Instagram. Y claro, la sátira mordaz se convierte en un chiste simpático.La primera adaptación, con Michael Douglas y Kathleen Turner, no temía ser cruel ni mostrar lo peor de una pareja que se destruye a carcajadas. Esta nueva versión, en cambio, se queda a medio camino: hay insultos ingeniosos, sí, pero la tensión nunca llega a ser incómoda. Como si alguien hubiera bajado el volumen justo cuando empezaba a sonar la canción buena.Cumberbatch y Colman: duelo de titanesBenedict Cumberbatch and Olivia Colman in THE ROSES. Photo by Jaap Buitendijk, Courtesy of Searchlight Pictures. © 2025 Searchlight Pictures All Rights Reserved.Si algo salva la película es su reparto. Benedict Cumberbatch se libera de capas y hechizos marvelitas para encarnar a un arquitecto engreído, lleno de inseguridades y con esa sonrisa que esconde más veneno que cariño.Por su parte, Olivia Colman está espléndida, como siempre. Su Ivy pasa de chef invisible a diva de la gastronomía con una naturalidad que solo ella puede ofrecer. Su manera de insultar con la C-word británica es oro puro, y hay momentos en los que uno casi desea que la película fuera solo de ella.Juntos funcionan como dinamita… aunque el guion se empeñe en mojarlos con un cubo de agua justo cuando estaban a punto de estallar.Un reparto secundario desaprovechadoLa pareja de amigos formada por Andy Samberg y Kate McKinnon prometía ser gasolina para la comedia, pero queda reducida a sketches aislados, como si vinieran de otra película. Lo mismo pasa con Ncuti Gatwa y Sunita Mani, que aparecen como parte del mundo culinario de Ivy sin demasiado peso narrativo.La excepción es Allison Janney, que en apenas una escena como abogada de divorcios deja claro lo que significa robarse la película. Su intervención es tan afilada que uno no puede evitar preguntarse por qué no tuvo más minutos en pantalla.La estética: Nancy Meyers se encuentra con Danny DeVitoVisualmente, la película es un caramelo. Casas luminosas, cocinas de revista, paisajes de postal… todo parece sacado de un anuncio de decoración. El problema es que ese brillo choca con el tono oscuro que debería tener una historia de odio conyugal.En lugar de sentirnos atrapados en una batalla infernal, lo que vemos es un escaparate precioso en el que dos personas se lanzan platos de porcelana carísima. Sí, es bonito, pero ¿duele? No demasiado.El verdadero problema: falta de venenoSunita Mani, Olivia Colman, and Ncuti Gatwa in THE ROSES. Photo by Jaap Buitendijk, Courtesy of Searchlight Pictures. © 2025 Searchlight Pictures All Rights Reserved.La gran pregunta es: ¿por qué rehacer La guerra de los Rose si no vas a mantener su espíritu corrosivo? El filme de 1989 era incómodo, retorcido y divertidamente cruel. Este remake, en cambio, juega a ser más amable, más equilibrado, más… correcto.Y la corrección, en una comedia negra, es mortal. Lo que debería ser una montaña rusa de odio y carcajadas termina siendo un carrusel que gira despacio, con música agradable de fondo.¿Y qué dice esta versión sobre 2025?Quizá lo más interesante de Los Rose es cómo refleja la ansiedad de nuestro tiempo. Theo no soporta que su mujer gane más que él; Ivy no quiere volver a ser la sombra de nadie. El choque no es solo romántico, sino cultural: un retrato de parejas modernas donde las ambiciones profesionales pesan tanto como el amor.Es una pena que la película no se atreva a clavar el cuchillo más hondo, porque la materia prima estaba ahí. El guion de McNamara insinúa chispazos de brillantez, pero todo queda demasiado domesticado.Una guerra sin sangreLos Rose no es un desastre, pero tampoco un triunfo. Es un filme entretenido, con actuaciones impecables y momentos de humor afilado, pero que nunca alcanza el nivel de locura y crueldad que hizo grande a la original.Si buscas ver a Olivia Colman y Benedict Cumberbatch tirándose dardos verbales como auténticos campeones, vas a disfrutar. Si esperas un remake que supere a La guerra de los Rose, mejor baja las expectativas.Al final, lo que debería haber sido una batalla campal entre dos gigantes del cine británico se convierte en un duelo de exhibición técnica, más elegante que brutal. Y como toda guerra sin sangre, lo que queda es un extraño sabor agridulce: te ríes, sí, pero nunca tiemblas.Esta noticia ha sido publicada por Cinemascomics.com