Alma Anville está acostumbrada a los dilemas endiablados. Es su pan de cada día: enseña filosofía y ética. Ni por las noches para de cuestionar: su casa acoge veladas donde sigue debatiendo con su marido, amigos y alumnos. “No todo se supone que debe hacerte sentir cómoda”, argumenta en el filme. En teoría, nadie sabe moverse en las zonas grises como ella. La práctica, sin embargo, viene a darle una lección distinta. Lo último que vio, al despedir a sus invitados, fueron un profesor y una estudiante que se marchaban entre bromas. Pero, a la mañana siguiente, la joven denuncia otra realidad: continuaron, bebieron algo, él empezó a soltar frases y comportamientos inapropiados. Cometió un abuso, está claro. Aunque, de primeras, Alma duda. El tipo es su mejor amigo. Tal vez no haya ocurrido nada irreparable. Caza de brujas, la nueva película de Luca Guadagnino, presentada fuera de concurso en la Mostra de Venecia, acaba de empezar. Y, con ella, un sinfín de interrogantes sobre el poder, el consentimiento, la revictimización, los matices y su ausencia. También, de paso, el filme da comienzo a otra historia: su protagonista, Julia Roberts, nunca había estado en este festival.Seguir leyendo