Hansi Flick, como tantos entrenadores, nunca habla de los árbitros. Hasta que en la derrota, como tantos otros, sí habla de los árbitros. Su rueda de prensa tras el 0-2 fue prácticamente monotemática. No entendía cómo el VAR no entró a pitar las manos de Pubill, cuando Musso ya había sacado de fondo con el pie. Tenía razón. Es una jugada clara, que marcó la eliminatoria, y que puso al prepotente rumano, István Kovacs, en el centro de todas las miradas. Es un hombre protegido por la UEFA, que pitó la última final de la Champions y que, con su musculado cuerpo, intenta disimular sus múltiples inseguridades. En esa acción, él ve lo que hay, da dos pasos adelante… y no se atreve a pitar el penalti por manos, de tan tontas. Debe ser un nuevo criterio arbitral, el baremo de lo absurdo, porqué también Mateu Lahoz dijo en directo en Movistar que se podía pitar, pero que Kovacs había estado bien dejando seguir por lo absurdo de la jugada. ¿Cómo? No aplican el reglamento (manos dentro del área con el balón en juego), sino que juegan a ser Dios que dan y quitan suertes.Leer más]]>