La cara oculta de Artemis II: el estrés y el sacrificio de las familias de los cuatro astronautas

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« Fue bastante duro ... No fue como si acabaras de ganar la lotería y salieras corriendo a saltar de alegría. No fue para nada esa sensación», confesó el astronauta Reid Wiseman durante una entrevista el podcast 'Curious Universe' de la NASA, en referencia al momento en el que se enteró de que estaría al mando de la misión Artemis II -que ha supuesto el regreso del ser humano a la Luna después de más de 50 años-. Una reacción contraria que lo primero que le hizo pensar fue en sus dos hijas, Katey y Ellie. Cabe recordar que el comandante de Artemis II perdió en 2020 a su esposa tras una larga lucha de cinco años contra el cáncer y desde entonces cría él solo a sus dos hijas adolescentes. Ser uno de los elegidos para viajar al espacio siempre ha sido una misión muy peligrosa. Y las consecuencias de ese riesgo no solo las sufren los astronautas, sino también sus familias y seres queridos. «El lanzamiento es un evento de estrés extremo», explicó para 'The New York Times' James Picano, psicólogo de la NASA, que trabaja para brindar apoyo a las familias de Artemis II. «Una familia ya experimenta una cantidad increíble de estrés incluso antes del lanzamiento», pues para ellos «la misión comienza en el momento de la asignación». En este caso en 2023, casi tres años antes del lanzamiento que se llevó a cabo el miércoles pasado. Durante este tiempo, el entrenamiento de los astronautas escogidos es tremendamente riguroso, incluyendo largos periodos de tiempo lejos de casa. «Nos absorbe por completo a toda la familia», escribió a través de su perfil de Facebook la doctora Catherine Hansen, casada con Jeremy Hansen, otro de los astronautas de Artemis II. El matrimonio tiene tres hijos y, tal y como ella mismo describió, en su casa se prepararon para el peor escenario posible: «Tuvimos conversaciones sobre 'qué pasaría si', que ninguna familia de un astronauta que vaya a la Luna quiere tener, pero que son absolutamente necesarias». Fue en la década de los 60 cuando la NASA comenzó a enviar astronautas al espacio. En ese momento, las mujeres y los hijos de los tripulantes contaban con unas ayudas casi inexistentes. Por ello, las familias se unieron y forjaron sus propios lazos de apoyo unas con otras. De ahí surgió el 'Club de Esposas de Astronautas', que defendían a las familias de los astronautas del continuo escrutinio público por parte de los medios de comunicación. La ayuda oficial no llegó hasta 1967, cuando durante un ensayo en tierra de la misión Apolo 1, un incendio en la cabina causó la muerte de tres astronautas. En ese momento comenzaron a aparecer recursos psicológicos, médicos y financieros para las familias de los astronautas. Mientras que aquellos que trabajan en la Estación Espacial Internacional pueden hablar con sus familiares a través de correo electrónico, llamadas e incluso videollamadas, en la misión de Artemis II es más complicado ponerse en contacto con sus seres queridos. Incluso durante 40 minutos, los astronautas estuvieron sin ningún tipo de conexión con la Tierra. Los instantes más tensos y los más importantes de la expedición espacial. Dos semanas antes del lanzamiento, los astronautas entraron en cuarentena en Houston junto a sus familias. Y cinco días antes del despegue se despidieron definitivamente antes de trasladarse al Centro Espacial John F. Kennedy en Florida. «Este momento final es probablemente el más valioso que puedas tener», dijo el comandante Wiseman en una entrevista. «Tienes un momento para pensar en lo que es verdaderamente valioso en tu vida», recapacitó. Después de eso, nada. Los astronautas no tuvieron la oportunidad de hablar con sus familias hasta el tercer y cuarto día de la misión. En una videollamada con 'NBC News', Wiseman describió hablar con sus hijas de nuevo mientras volaba a toda velocidad hacia la Luna como algo «surrealista»: «Por un instante, me reencontré con mi pequeña familia. Fue el mejor momento de toda mi vida».