Se supone que un libro quiere ser leído. Igual que una película necesita espectadores. Y un disco, oyentes. Incluso El libro que no quería ser leído, texto infantil del sueco David Sundin, busca lo mismo que cualquier creación cultural: público. Aunque sea una persona. Sin embargo, a cada vez más obras literarias les cuesta hasta eso: el 49,4% de los títulos impresos disponibles en las librerías de España vende cero ejemplares a lo largo de un año. La cifra abarca novelas, ensayos o cómics, incluye novedades y fondo, también de autoedición, en establecimientos independientes, así como en grandes cadenas. No se contabilizan, eso sí, manuales de texto ni Amazon. El dato se reveló hace pocas semanas en el último Congreso de Librerías. Y lleva años subiendo, según Cegal, la confederación de los libreros que organiza el evento. Tanto que la entidad ya ha puesto su foco en analizarlo, desglosarlo y, a ser posible, solucionarlo. Las respuestas llegarán en futuras ediciones de la cita. Pero, mientras tanto, da para unas cuantas preguntas. Seguir leyendo