Elena Ceballos nació en la localidad sevillana de Guadalcanal, es doctora en Física y profesora titular de la Universidad de Sevilla. Amante de los océanos, su incansable labor divulgadora sobre los fondos marinos le llevó a ser elegida por la NASA para realizar un proyecto oceanográfico internacional en el Atlántico Norte y el Pacífico y a ser una de las cuatro españolas seleccionadas para participar en el Foro Global de Liderazgo Femenino, que ha reunido en Tanzania a relevantes mujeres científicas de todo el mundo. -¿Por qué cree que la ciencia sigue siendo un campo de conocimiento y de trabajo mayoritariamente masculino? -Yo creo que se debe a la falta de referentes femeninos. Al final cuesta mucho imaginarte a ti misma siendo algo de lo que tú no tienes ejemplo. Cuando yo estudié de pequeñita, yo no sabía nombrar probablemente ninguna científica que no fuera Marie Curie. Sin embargo, hay muchas científicas, tanto históricamente como a día de hoy, haciendo cosas increíbles. Creo que es cuestión de visibilizar el talento que ha habido siempre y que el que hay ahora para que las niñas y las jóvenes vean que es un espacio natural para ellas. - En las carreras denominadas «stem» (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) las mujeres siguen siendo minoría. Y hay carreras como la de informática o ingeniería informática donde apenas hay alumnas. -Sí, hay una brecha grande, sobre todo en las ingenierías. Si embargo, las primeras programadoras fueron mujeres y hay algo ahí muy curioso, un tema más psicológico o social, porque una de mis mejores amigas estudió Matemáticas hace veinte años y entonces había igualdad de mujeres y hombres, incluso un poco más de mujeres. En esa época las matemáticas no eran demasiado populares pero en los últimos años los matemáticos han empezado a ser muy codiciados laboralmente con buenos salarios por las empresas privadas. Antes la salida era la enseñanza o la investigación. y todo eso ha tenido el efecto llamada de que ahora haya mucho más chicos que chicas estudiando matemáticas. En cuanto se asocia una formación a puestos de mayor poder económico, ejerce un gran poder de atracción de los hombres. Entonces hay algo ahí todavía en las mujeres que quizás de manera subconsciente genera rechazo. Cuando crees que van a ser posiciones que te pongan quizás en el punto de mira, no lo sé. - ¿Cree que a las mujeres jóvenes les falta un poco de ambición? -Puede ser. Lidiamos mucho con el síndrome de la impostora, con cuestionarte tu valía. Y también creo que es normal y se puede entender si miras a tu alrededor. Las mujeres con las que yo he trabajado, científicas y demás, son todas brillantes, excelentes. Y si solo estás rodeada de mujeres excelentes y tú no te sientes excelente, es que quizás crees que no puedes llegar ahí. Y claro, en el caso de los hombres, pues digamos que a lo mejor está todo más repartido. Habrá gente excelente y habrá gente más normal, más normativa, que es lo que tiene que ser, porque eso representa a la población. Para que la mujer llegue a la cumbre de la ciencia, debe ser especialmente buena, especialmente perseverante y especialmente cabezota. Aunque claro, también hemos tenido las circunstancias. Yo he tenido, por ejemplo, el apoyo en casa desde que era muy pequeña. Mi madre a mí me ha educado en el máximo feminismo sin saber ella que era feminista. Mi hermano y yo compartíamos los juguetes. - Y usted se tiró hacia la ciencia. -Y mi hermano se hizo profesor de infantil. Lo normal hubiera sido al revés. A mí me ha venido implícito en mi educación no dudar en ningún momento de que yo podía llegar a hacer lo que quisiera.Pero quizá no es el contexto que reciben todas las niñas. Al final los mensajes subliminales que te va mandando la sociedad te condicionan. -Su madre debe de estar muy orgullosa de usted. -Sí, muy contenta y muy orgullosa, muy satisfecha también de mi labor. Por mi trabajo he viajado muchísimo y ella ha venido a visitarme allí donde he ido.