Tu novio no entrará en mi casa

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Cuando la acaudalada beata Dorita Lerner cumplió ochenta años, decidió vender sus acciones en compañías mineras de su familia y repartir la mitad de su fortuna entre sus seis hijos varones, todos los cuales esperaban con impaciencia que por fin les lloviera el dinero de su madre. Militante de una cofradía religiosa, devota en cuerpo y alma de las ficciones sagradas, asidua visitante del Vaticano, amiga de obispos y cardenales, Dorita Lerner había enviudado años atrás y no dudaba en afirmar que esos últimos años, liberada del pesado lastre que su esposo suponía para ella, habían sido los más felices de su existencia. Muerto su marido, Dorita vio cómo los precios del oro, la plata y el cobre se disparaban... Ver Más