Viendo 'El Chiringuito', quedé sorprendido de la rabia que se destilaba por los cánticos de unos chavales de La Masia tras el derbi del sábado. Había algo de enternecedor en el supuesto escándalo. No por un pretendido agravio (inexistente y con la consistencia de un merengue al sol), sino por la reacción desmedida e impostada que se transmitía. Cuando los chicos de La Masia cantan, en realidad no provocan: recuerdan. Y la memoria, cuando no se tiene, siempre parece una falta de respeto o una insolencia... Pedrerol y sus soldados obviaron que el fútbol, antes de ser una industria de acentos neutros y 'community managers', fue barrio, fue acera, fue rivalidad y fue bronca de proximidad. Seguir leyendo....