Viktor Orbán es un pionero y un ejemplo a seguir para la internacional ultra. En pleno auge mundial de la extrema derecha, el primer ministro nacionalpopulista tiene como credenciales la construcción de un sistema iliberal que le ha funcionado durante cuatro mandatos consecutivos. Hungría se ha convertido en el pilar europeo de una red mundial reaccionaria de corte autoritario con centro en el Washington de Donald Trump. Budapest exporta doctrina política, forma a nuevas generaciones y ofrece apoyo logístico y económico. En las elecciones que se celebran este domingo no está solo en juego el futuro próximo de Orbán, el dirigente con más años en el cargo en la UE y en la Hungría poscomunista. Su éxito o derrota importa más allá de sus fronteras.Seguir leyendo