La temporada de zapatillas empieza en el Algarve

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En el sur de Portugal, lejos del brillo inmediato de las playas que han convertido al Algarve en uno de los destinos más reconocibles de Europa, existe un mundo paralelo de colinas suaves, caminos de tierra y aldeas suspendidas en el tiempo. Es allí, en la Serra do Caldeirão, donde cada primavera ocurre algo que no se mide en cifras ni en récords, sino en pasos: el Walking Festival Ameixial. Es también aquí donde arranca lo que ya muchos conocen como la «temporada de zapatillas», un momento del año en el que el Algarve deja atrás su imagen de sol y playa para convertirse en un territorio que se descubre caminando. Durante tres días, este rincón del Algarve se transforma en un laboratorio de lentitud. No hay prisas, no hay itinerarios cerrados que obliguen a consumir el territorio como si fuera un producto, y caminar se convierte en una forma de leer el paisaje. En la Serra do Caldeirão, desde 2013, este festival entendió antes que muchos que el futuro del turismo no está en la acumulación de experiencias, sino en su profundidad. El Walking Festival Ameixial fue el primero de su tipo en el Algarve y uno de los pioneros en Portugal. Inspirado en iniciativas similares repartidas por el mundo, su esencia, sin embargo, es profundamente local. Más de 2.500 años atrás, los habitantes de este territorio dejaron marcas que aún hoy resisten al paso del tiempo: la llamada escritura del suroeste, un sistema gráfico que todavía guarda secretos. No es casual que el festival haya adoptado este legado como símbolo, porque caminar por Ameixial es, en cierto modo, descifrar un idioma olvidado que solo se aprende con la experiencia directa del terreno. Las rutas que se despliegan durante el festival no son simples recorridos. Son narrativas. Algunas siguen trazados históricos; otras se adentran en la geología de la sierra, revelando cómo el tiempo —medido en millones de años— ha moldeado cada colina y cada valle. Hay caminatas al atardecer donde la luz transforma el paisaje y salidas nocturnas en las que el cielo, libre de contaminación lumínica, se convierte en protagonista absoluto. Todas ellas invitan al visitante a formar parte del entorno. Pero el festival no solo apuesta por caminar, sino también por detenerse. Escuchar el canto de las aves y aprender a distinguirlas; sentarse a dibujar el paisaje; practicar yoga entre árboles centenarios o participar en talleres de arqueología experimental. Además, este evento ha sido diseñado para todos los públicos, con rutas adaptadas a diferentes niveles y capacidades. Hay espacio para familias, para personas con movilidad reducida, para quienes buscan un primer contacto con la naturaleza y para quienes llevan años recorriendo senderos. Durante esos días, vecinos y visitantes de Ameixial comparten caminos, historias, saberes y gastronomía. Detrás de esta iniciativa está la Cooperativa QRER, que tiene el objetivo de demostrar que el desarrollo rural puede ser sostenible, que es posible generar oportunidades sin sacrificar la identidad del territorio. En lugar de transformar el paisaje para adaptarlo al turismo, proponen lo contrario: adaptar el turismo al paisaje. Y gracias a la Algarve Walking Season, toda una red de festivales repartidos a lo largo del año, busca consolidar al Algarve como un destino de referencia para el turismo de naturaleza.