Berenice de Cilicia, una princesa judía, hija de Herodes Agripa I y Cypros, y Reina cliente del Imperio romano durante la segunda mitad del siglo I, ha unido a la actriz francesa Isabelle Huppert y al director italiano Romeo Castellucci , dos de las voces más singulares de la escena europea actual. Ha oficiado la ceremonia de la unión Jean Racine, uno de los padres del teatro francés, y los espectadores madrileños podrán ser testigos de la ceremonia este fin de semana. ' Berenice ' se presenta hoy viernes, mañana sábado y el domingo en los Teatros del Canal . Isabelle Huppert vuelve así a los escenarios madrileños después de interpretar en el Teatro Valle-Inclán a María Estuardo en ' Mary said what she said ' ('María dijo lo que dijo'), un espectáculo dirigido por Robert Wilson sobre un texto de Darryl Pinckney. 'Berenice' vio la luz en marzo de 2024 en el Théâtre de la Ville de París, y desde entonces no ha dejado de girar por todo el mundo (ese mismo año 2024 se pudo ver en el festival Temporada Alta de Gerona). «Isabelle Huppert -afirma Castellucci- es la sinécdoque del arte teatral occidental; es la actriz, pero también la actriz por definición. Isabelle Huppert es la representación como tal (uno va al teatro a ver a Isabelle Huppert interpretar a Bérénice), es la llama que nos convoca a reunirnos. Ella es Teatro ». Romeo Castellucci ha convertido en monólogo -a la actriz le acompaña una figuración de catorce actores- la obra de Racine, estrenada en el Hôtel de Bourgogne de París el 21 de noviembre de 1670. La historia original nos presenta a la Reina Bérénice enamorada del Emperador romano Tito, que a pesar de corresponderle renuncia a ella para gobernar Roma: el amor contra el poder político . El director italiano centra su montaje en la soledad interior de una mujer abandonada, su desesperación, deseo y sacrificio. «En 'Bérénice' -asegura Castellucci-, el personaje solo aparece verdaderamente cuando llega el momento de salir. Salir del escenario, como un triunfo, es muchísimo más importante que entrar. ¿Cómo describir 'Bérénice' sino como una estrategia de salida larga y prolongada? Se requiere todo un arte retórico, junto con una iconografía y un uso cristiano imposible de la tragedia griega, para concebir tal principio de movimiento. Al final de la tragedia, todos los personajes se despiden sin derramar una sola gota de sangre; la hemorragia es interna. Pero incluso yo, el espectador, al final de la obra —o de la lectura— me quedo sin palabras. ¿Dónde está el drama? Lo sentí a cada paso, a cada momento, pero no puedo decir que lo haya presenciado». «Romeo Castellucci -dijo Isabelle Huppert en una entrevista- cuenta la historia de Bérénice y la historia de una actriz que interpreta a Bérénice, y lleva muy lejos, muy al límite, ese estado de la actriz y de su soledad . No duda en proponer los estados y las imágenes más extremas, hasta la pérdida del lenguaje. Ese lenguaje sublime, al que uno no se atrevería a atacar, él se permite hacerlo desaparecer como un estado último de la desesperación». Y añade el director italiano: «En escena, como una estrella fija, Isabelle Huppert retrata a Bérénice, en la peculiar y ontológica soledad del personaje teatral y del ser humano. Solo estarán presentes otros dos actores, Tito y Antíoco, y algunos senadores romanos. Todas sus palabras serán ininteligibles, desdibujadas por la propia voz de Bérénice. Casi todos los sonidos de la representación, tanto los oídos como los no oídos, son generados por la voz de Isabelle Huppert, elaborados por Scott Gibbons ». «Las palabras -concluye- se vuelven concéntricas, como vapores inducidos por drogas, y los diálogos son, en realidad, monólogos febriles. Bérénice es un texto que no dice nada, y esta es su ofrenda. Esta, en definitiva, es su locura, su forma de ser 'arte contemporáneo'».