Corría el año 1904 cuando siete equipos europeos firmaron un acta fundacional en Zúrich, Suiza. Ninguno de ellos podía imaginar entonces que aquel pequeño pacto daría origen a algo más grande que el fútbol mismo. La Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) nacía modesta, pero en su interior ya germinaba la idea de que algún día el balón rodaría más allá de las fronteras del Viejo Continente y que sería en Uruguay 26 años más tarde donde el sueño se convertiría en realidad.TE PUEDE INTERESAR: México vs Ghana: precios de boletos para el partido en el Estadio CuauhtémocUn par de décadas más tarde, en los Juegos Olímpicos de 1924, algo cambió. Por primera vez, selecciones no europeas pisaron el torneo de fútbol. Uruguay, Estados Unidos, Turquía y Egipto. Y fue la nación sudamericana, aquel país de apenas dos millones de habitantes, el que se colgaría la medalla de oro. Lo revalidó cuatro años más tarde. Pero había un problema, pues el torneo olímpico solo admitía jugadores amateur.Los mejores futbolistas del mundo, esos que ya cobraban por jugar, no podían participar. La idea de un campeonato verdadero, sin exclusiones, comenzó a tomar forma en la mente de unos pocos. Jules Rimet, presidente de la FIFA, y Henri Delauny, secretario de la Federación Francesa, fueron los arquitectos de aquella osadía. En 1926 decidieron crear su propio torneo, abierto a todos, profesionales y aficionados por igual.Dos años después, el sueño se materializó con la Copa Mundial de la FIFA, que comenzaría en 1930 y se celebraría cada cuatro años. Cinco países se postularon como sedes: Países Bajos, Italia, España, Suecia y Uruguay. Los europeos se retiraron uno tras otro, y Rimet puso sus ojos en la nación sudamericana. No solo por el centenario de su independencia, sino porque Uruguay era, probablemente, la selección más fuerte del mundo. Una elección sorprendente, sí. Pero también valiente.El viaje era largo y los barcos como medio de transporte predilecto en aquella época. Tan largo que muchos equipos europeos decidieron no participar. Ninguna de las selecciones británicas acudió, retiradas de la FIFA por una disputa sobre pagos a jugadores aficionados. La Asociación Inglesa de Fútbol recibió una invitación, pero la rechazó.Al final, solo cuatro naciones europeas zarparon para cruzar el océano Atlántico, siendo Francia, Bélgica, Rumania y Yugoslavia, las únicas que participarían desde Europa en la primera justa mundialista. El resto eran americanas, ya que África y Asia no tuvieron representación. El sueño mundial aún cojeaba, pero el sueño de correr por el rectángulo verde era más grande que la desidia del resto.Entonces, el 13 de julio de 1930, en Montevideo, el fútbol dio a luz algo que nunca había existido. Trece equipos se enfrentarían para uno solo ser coronado como campeón del mundo. No hubo clasificación. Todos los miembros de la FIFA fueron invitados. Francia tuvo el honor del primer gol de la historia, obra de Lucien Laurent en la victoria por 4-1 sobre México. Y Estados Unidos, con un tal Bert Patenaude que firmó el primer triplete de la historia, dominó su grupo con autoridad.Fotos: Cortesía FIFALa final de Uruguay 1930 que lo cambió todoEl 30 de julio, el Estadio Centenario temblaba con 80 mil almas, casi todas con sombrero y gabardina. Uruguay y Argentina se enfrentaban en una repetición de la final olímpica de 1928. Pero antes del pitido inicial, ya había conflicto, pues los dos equipos querían usar su propio balón. La FIFA intervino y dictaminó que Argentina jugaría la primera mitad con el suyo, y Uruguay la segunda con el de su preferencia.Uruguay abrió el marcador con Pablo Dorado. Pero Argentina no tardó en responder. Carlos Peucelle empató y Guillermo Stabile puso a los visitantes 2-1 arriba. Al descanso, el silencio uruguayo era una pesadez. Pero José Nasazzi, el capitán, habló en el vestuario. Nadie sabe exactamente qué dijo, pero sus compañeros salieron transformados.En la segunda mitad, con el balón uruguayo ya en juego, Pedro Cea empató. Luego Santos Iriarte y Héctor Castro sellaron la remontada. Uruguay ganaba 4-2. El Centenario estalló. Jules Rimet entregó el trofeo de oro de 35 centímetros, diseñado por el francés Abel Lafleur, al capitán Nasazzi. Al día siguiente, Uruguay declaró fiesta nacional.La huella de los héroes del primer Mundial de fútbolJosé Nasazzi fue elegido el mejor jugador del torneo. No por sus goles, sino por su liderazgo. Su intervención en el descanso de la final es una leyenda eterna. La final misma es recordada como una epopeya transformada en juego de fútbol, disputado en medio de un ambiente ensordecedor, con un desacuerdo inicial que hoy parece una anécdota de otro siglo.El trofeo que levantó Nasazzi llevaría después el nombre de Jules Rimet. Y la Copa del Mundo, aquel torneo que comenzó con trece equipos y un viaje incierto, se convertiría en el evento más importante del deporte universal, capaz de mover miles de millones de dólares e hipnotizar a las multitudes desde inimaginables rincones del planeta. Y todo empezó en un pequeño país de dos millones de habitantes, con una idea tan grande como el mundo mismo.The post Uruguay 1930: el recuerdo del primer Mundial de futbol first appeared on Ovaciones.