El frágil alto el fuego de dos semanas alcanzado en la madrugada del miércoles entre Estados Unidos e Irán está en vigor, aunque de forma inestable. En medio de la profunda desconfianza mutua, cada parte proclama una victoria absoluta y atribuye al adversario una derrota abyecta. El fin de las hostilidades ha aliviado la tensión en la economía global mientras se desploma el precio del petróleo, que se había disparado un 50% en más de cinco semanas de conflicto. Pero la tregua se tambalea en medio de nuevos ataques en Oriente Próximo. Israel, que acata el acuerdo alcanzado por el presidente de EE UU, ha lanzado este mismo miércoles la mayor oleada de bombardeos sobre Líbano en más de un mes de contienda paralela con la milicia proiraní Hezbolá. Teherán también ha vuelto a golpear las infraestructuras de energía de los países del Golfo aliados de Washington. Seguir leyendo